jueves, 1 de junio de 2017

Huellas



Sí, la vida deja Huellas. Demasiadas. Profundas. Dolorosas. Y para más cojones ese pasado es lo único que tenemos.

Y siempre 091, desde hace 25 años, desde las cintas intercambiadas con Carlos. Hoy no es precisamente un buen día, intentas animarte pensando que ya acabó Mayo, pero al fin y al cabo en Mayo has estado ingresado dos veces. No es una buena época.

Hoy no has puesto música hasta más de una hora después de levantarte, los queridos Grateful Dead. Pero es un día en que sólo te queda el orgullo de saber hacerte el nudo en los zapatos de piel de caiman. El orgullo de vestir siempre de negro, de tener una camiseta de T-Bone Walker, de odiar las bermudas y las sandalias aunque estemos a 37ºC, y de haber tenido los huevos de reconocer, con 50 años, que tú solo no puedes y necesitas a AA. No es muy rockero, pero al fin y al cabo te gusta Sinatra.

El Ruta de Enero, con la portada de los Cero, ya te lo compró tu madre ingresado, el año pasado fueron 6 veces, dos por intento de suicidio. Botellas que escancian plegarias, rumores de armas cargadas.

Parece que se levanta la niebla, la luz entra por la ventana, tu gatito Monty (por Wes Montgomery) se estira al sol. El cariñoso Monty, en cuyas patitas pondria la política nacional antes que en nadie. Monty, con su eterna cara de sorpresa y su bendita curiosidad.

Suena de nuevo Huellas y es hora de cambiar de disco, algo de Townes Van Zandt quizás...

Hoy es posible que escriba varias veces, necesito desahogarme. Si esto fuera radio haría una maratón de palabra, música y -por desgracia- whisky. Ayer lo dije en la reunión, estoy atravesando un torbellino, ahora mismo que no me pidan más, mi único objetivo es mantenerme sobrio, y ese, ese sí, lo voy a conseguir.

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