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Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
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miércoles, 18 de julio de 2012

PESE A TODO, UN RELATO (parte I) [by Mario]

Este relato lo publiqué en su momento como "Un mal relato (escribir por escribir)" casi como castigo por haber fallado. Ahora, tras dos horas bajo la ducha, una reestructuración, y escribir otro tanto como lo escrito previamente, creo que ha quedado, al menos, digno.

Lo voy a publicar por entregas, porque vengo observando que a mis lectores no les gustan los "tochos". Publicaré una por día, claro; al fin y al cabo, para mí también es un experimento.


UNA HISTORIA DE DOS SOLEDADES

El callejón estaba desierto a esa hora del mediodia. La cerca de maderas pobres separaba el asfalto de un solar repleto de cascotes. Unos metros más allá, al doblar apenas la esquina, la ciudad se extendía ruidosa, poblada de coches acelerados . Pero la pequeña calleja era ignorante a todo ese tráfico, inmóvil bajo un sol plomizo o una fuerte tormenta..

Él acostumbraba a incluirla en su ruta para ir al trabajo, salvo cuando el ventarrón la azotaba enloquecido. Nunca se había cruzado con nadie, las gentes de aquel infierno parecían ignorarla, siendo de lo poco tristemente tranquilo de aquella población.
Un día, alucinado, se cruzó con una mujer. Era un día de lluvia sin viento, una lluvia desatada poco después de salir de casa, y que le había cogido con una chaquetilla de lana gris. No estaba empapado, chorreaba.

La mujer, protegida por un amplio paraguas, al verle en aquel estado, se ofreció a prestarle un pequeño paraguas plegable que siempre llevaba en el bolso. Su misoginia le impidió aceptarlo.

Misoginia que desde hace tiempo había estado ahí. Se había acostado con algunas chicas y sólo había sentido asco. Tampoco era homosexual; como les decía a sus amigos: “soy asexual”

Volvió a cruzarse habitualmente con aquella mujer, lo cual le producia repugnancia porque aquel era “su”callejón. La mujer, joven, siempre le saludaba muy amable. Él murmuraba un “hasta luego” inaudible.

Un día, aquella tipa se atrevió a pararle y preguntarle porque era siempre tan poco agradable “pues mira, porque durante años he ido al trabajo por este callejón, y nunca me había cruzado con nadie, y tú has roto la magia del único lugar de esta ciudad que me gusta “¿Te gusta este callejon?”. Tiene un encanto indefinible y abstracto. Tendrías que verlo bajo la luz del verano “Pero hay algo más”- dijo ella.

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