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Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
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martes, 12 de junio de 2012

Historia Familiar : EL TERROR FASCISTA (I)

Lunes 18 de Junio de 2012, dentro de un mes se celebrará el 76 aniversario del inicio de lo que los vencedores llamaron "Guerra Civil". Hablemos con propiedad : fue un golpe de estado fascista contra un gobierno legítimo -si alguno lo es-, elegido al menos por la mayoría del pueblo . Fue un levantamiento militar que fracasó y que, incluso con la ayuda de Hitler y Mussolini, tardó casi 3 años en doblegar al pueblo.

Cometimos muchos errores y, considerando a aquellos mis predecesores, no fuimos los anarquistas los menos culpables. Todas las personas, sindicatos, y partidos opuestos al fascismo, deberían haber hecho piña. Pero no, el POUM hizo la lucha por un lado, la CNT por otro, La Guardia Civil catalana se mantuvo fiel a la república, las brigadas internacionales fueron un "quedar bien" de los países democráticos, el PCE por su cuenta...una verdadera calamidad. Y a los anarquistas se nos ocurrió, en 1937, montar una revolución en parte de la zona republicana. Así acaba conquistando Madrid hasta el imbécil de Franco, se lo pusieron en bandeja.

Un abuelo -Santos Rasero-, fusilado sin juicio (Bueno, todos los fusilamientos eran sin jucio) y enterrado en lugar desconocido. Y otro abuelo condenado a muerte y salvado por circunstancias que podríamos llamar milagrosas. No es extraño que así haya salido yo -más que rojo- rojinegro.

Mi abuelo paterno, Santos Rasero, cometió el delito de ser un ferroviario comunista en el nudo ferroviario de Aranda de Duero. Con nocturnidad, él y 17 ferroviarios izquierdosos más, fueron montados en un camión y fusilados. Para rematar lo indignante del crimen, una vez muertos los montaron en un carromato de estiercol y fueron enterrados en un lugar ignoto del Monte Costaján, a donde la memoria histórica no llegó (ni llegará jamás).

Santos era una persona generosa y solidaria. Cuando mi abuela le preparaba el almuerzo, sabía perfectamente que él no lo iba a comer, sino el primer hambriento que encontrara. En lo más crudo del invierno, podía salir con una recia zamarra y volver sin ella: mi abuela ya sabía que se la habría dado a algún mendigo. No estoy pintando un santo, sino los recuerdos contados por mi abuela a mi padre, y de éste a mí.

La historia de mi otro abuelo es tan rocambolesca que roza el surrealismo, así que la contaré el próximo día de publicación, el Jueves.

Dedicado a Durruti, y también a todos los maquis.

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