EL BLOG ESTARÁ ACTIVO TODOS LOS DÍAS

Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
POR TANTO, ESTE BLOG ESTARÁ ACTIVO, AL MENOS, MARTES Y MIÉRCOLES,

martes, 29 de mayo de 2012

Un relato que me ha enviado con gentileza MARCOS CALLAU

Éste es su nuevo blog:

http://altiempodetenido.blogspot.com.es/

Cantos de sirena
 
El sol bañaba un domingo de invierno cualquiera mientras yo paseaba, con las manos en los bolsillos, las calles desiertas de mi ciudad. Fue entonces cuando, en un pequeño cruce, un Mercedes largo, plateado y reluciente, como un pez recién salido del agua, se detuvo a mis espaldas y alguien llamó mi atención desde su interior, emitiendo un leve chistido. Al darme la vuelta, una hermosa y alta rubia se dirigió hacia mí. Mientras yo, atónito, observaba entre el calado de su jersey las voluptuosas curvas de una apetitosa figura, la mujer me preguntaba por una calle desconocida con marcado acento extranjero. Ante mi respuesta negativa, ella pareció disgustada durante un segundo pero pronto sonrió y señalando el Mercedes, que seguía boqueando fuera del agua, dijo que intentaría arreglarlo con el taxista. Acto seguido, el automóvil y la muchacha se esfumaron al fondo de la calle como si se sumergieran en un oscuro océano, un delfín sin rumbo y una sirena varada. No dejaron rastro.

A los pocos días llegó otra tarde espléndida en  que la ciudad invitaba, una vez más, al paseo despreocupado. Paso a paso, sin rumbo fijo, llegué a un barrio desconocido y a una calle sin nombre. En ella, un letrero luminoso donde se podía leer la palabra CLUB, me guiñó una “C” y ante tal proposición no pude hacer otra cosa que entrar. Al instante comprendí que la sirena varada, aquella hermosa rubia del domingo anterior, había encontrado al fin su destino y yo, aquella tarde, escudriñaba el mío en su mirada. Ninguno de los dos volvimos a olvidar jamás el nombre de aquella calle donde, por primera y última vez, me dediqué a atender el canto de las sirenas.

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