EL BLOG ESTARÁ ACTIVO TODOS LOS DÍAS

Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
POR TANTO, ESTE BLOG ESTARÁ ACTIVO, AL MENOS, MARTES Y MIÉRCOLES,

miércoles, 2 de mayo de 2012

EL PUERTO

Hoy he vuelto a ver amanecer desde el muelle de bajura. Me encanta ese olor de los puertos, mezclado de salitre y gas-oil. Y ver a los mújoles, pequeños barcos de combate acorralando a un pedazo de pan. Siempre es el mismo espectaculo cautivador, siempre cambiante, frío cuando aún es de noche, chispeante cuando amanece.

El sol empieza a asomar en el horizonte, y los pequeños barcos de pesca se acercan a tierra. Se les ve llegar como en un extraño desfile, esquivando las rocas que custodian la entrada de la ría. Años de experiencia les hacen apartarse de esos oscuros peñascos con los ojos cerrados, con la elegancia de un ballet acuático.

Todos los días la misma estampa, fascinante para quien lo vé con ojos de poeta o de simple curioso; rutinario, indiferente y agotador para quienes se acercan a tierra, después de un día y una noche trabajando para arrancar del mar unos pequeños trozos de vida, e intercambiarlos por otros pequeños trozos de papel que dan sentido a su existencia.

Cerqueros, arrastreros, palangreros, naseros, barcos de enmalle, pequeños botes dedicados a la pesca del calamar...Un enjambre mixto y de fascinantes proporciones, que tan sólo aguarda a desembarcar sus capturas, y que la sirena marque el inicio de la subasta. Quizás hoy sea un buen día, se acercan las fiestas, llegan los turistas,  y los precios siempre suben en esta época.

Ya calienta el sol, al menos lo suficiente. Me despojo de la zamarra y la dejo en el colgador de las oficinas. Empleados y armadores, compradores y pescantinas, todo el personal ya se ha acostumbrado a mi presencia desde hace años, y toman mi pequeño ritual como una pieza más de la perfecta maquinaria de la lonja. No hacen falta palabras, ni siquiera saludos esbozados: a veces pienso que mi llegada es lo que marca el momento, la señal para que la lonja despierte y se prepare a trabajar.

Los barcos empiezan a enfilar el puerto. Cortan sus siluetas los reflejos amarillentos que incendian el agua, marcas de ese sol que dentro de unas horas será de justicia. Uno tras otro atraviesan la linea imaginaria entre los dos faros, el verde y el rojo, que marcan la entrada a este puerto. Ya se escuchan las voces, preparandose para el amarre. Las gaviotas rodean cada uno de los barcos, son miles, parecen millones de aves. Esperan con avidez, casi con desesperación, los sobrantes de la pesca que los marineros aún se afanan en tirar al mar. Son peces de pequeño tamaño, restos de algas, de crustaceos, de cefalópodos, menudas piezas que aún quedan en las redes y que hay que limpiar antes de llegar a puerto. Capturas sin valor que sirven de alimento a estas gaviotas que ya han olvidado pescar.

El primer barco ya está en el muelle de atraque. Amarras que vuelan certeras a las manos que esperan en tierra. Observo sus capturas. Aún las están clasificando en esas cajas de madera que tantas historias han vivido. Aquí las fanecas, allá las pintarrojas, en la parte más destacada esas cajas de aligote y de calamar, raro fruto del que este barco hoy trae sobrante. Se vé feliz al armador, con esta captura se cubre la marea, probablemente se cubre la semana.

La grua, ese envejecido y complejo cachivache de poleas y cuerdas, se situa a un costado del barco. Brazos fuertes sujetan la plataforma y van apilando las cajas. La grua gira y ya están las capturas en tierra.
Pero no hay un respiro, uno tras otro los barcos van reposando junto al muelle, y el jaleo es atronador. Los carros van cargando las cajas: algunas van directamente a camiones, otras se quedan sobre los carros. Es la hora de pesarlas y colocarlas ordenadamente en el suelo de la lonja.

La misma ceremonia se va sucediendo una y mil veces, ya he perdido -como todos los días- la cuenta de los barcos que atracan, de las gruas que giran...Voy identificando muchas caras de los marineros que sudan en los barcos. Son las mismas caras de siempre: caras labradas de mil surcos, caras que no distinguen entre el amanecer y el anochecer, que sólo ven los días sucederse interminables entre redes y madera. Caras que en invierno y en verano realizan las mismas labores, esperando esa captura que sueñan y que les permita afrontar el resto del mes con tranquilidad.

Pero apenas tengo tiempo de detenerme ante esas caras que tanto y tan poco conozco: ya hay docenas de barcos atracados, barcos que casi al instante vuelven a la mar, una vez que su captura de plata y brillantes colores está en tierra, esperando la voz que inicia la subasta.

Me alejo ya de la zona de atraque y me dejo rodear por el persistente sonido, cálido y ensordecedor, que reina en el interior de la lonja. Cuadrículas y más cuadrículas de cajas de pescado, que llegan hasta donde casi se pierde la vista. Las pescantinas ordenando, cada especie en sus cajas, cada caja indicando su peso.

Me paseo lentamente entre el fuerte olor a pescado, contemplando con calma esas piezas, despojadas de su manto de agua y sal, que a mis ojos son retazos de un mar que quizás nunca conoceré y que es dulce pese a su sal, evocador pese a su dureza.

Mis ensoñaciones me llevan, entre el pausado vagabundeo de mis pies, a mares a los que mis pies nunca me podrán llevar. Imagino océanos de un azul cegador, olas que amenazan engullir mi pequeño barco, peces de mil formas y colores que yacen y se retuercen sobre cubierta. Todos los días, en  este pequeño paseo, en este raro silencio, entre la llegada del último barco y el inicio de la venta, salto indiferente entre las cajas con una precisión casi matemática, fruto de una memoria adquirida con los años, y mis pensamientos siempre me llevan al mar, un mar siempre cambiante, siempre distinto. Un mar que tengo a unos pasos de mí, pero no es ese el mar con el que sueño, sueño con un mar que no es el de los marineros que trabajan, ni tampoco el de los cruceros de lujo que lo recorren ociosos, ajenos a todo lo que no sea el placer de los sentidos. No, yo imagino un mar que es sólo mío, un mar que me pertenece desde uno a otro horizonte, que se amolda a mis deseos y en el que puedo dejar vagar mi mente y alcanzar esa paz, esa belleza añorada en esta ciudad con mar y que al mar ignora.

Vuelvo a la realidad y disfruto del momento, un instante a medio camino entre la ciudad de la que huyo y el mar que se me resiste. Ya está todo preparado para la venta, el corto silencio susurrado que ha precedido a la subasta está a punto de tocar a su fin. Con mi experiencia me sitúo en el mejor lugar y me preparo a ver todo el pandemonio que va a desatarse, procurando molestar lo menos posible.

Suena la sirena y se desata el aparente caos, perfectamente orquestado. De repente docenas de voces se disparan, voces que estaban aguardando este momento. Amplificadas por pequeños megáfonos las menos, las de los vendedores. Roncas por hacerse entender las más, las de los compradores. Precios que van a la baja y que asemejan un raro carrousel de cifras. Son los precios de la subasta. Siempre me ha fascinado esa capacidad de los vendedores para hilvanar una constante retahíla de números descendentes con absoluta perfección. Se sucede esa extraña cuenta atrás: 40, 37, 35, 33,30... Una voz gastada se alza en 27 y elige las dos mejores cajas de merluza, las que aparentan más frescas, las de mayor tamaño.

Abandono mi posición y me sitúo cerca de la venta del arrastrero “Luna de Plata”. No se puede abarcar todo, es desbordante; mejor ir poco a poco, centrando mis oídos y mis ojos en una sóla venta: es la única forma de entender ese todo que me resta aún por aprehender pese a los años pasados en él. Se sigue vendiendo la merluza, la estrella, la primera protagonista de la puja.

Luego va la faneca, beige y brillante, de buen tamaño, de aspecto apetitoso, indicando que han arriesgado las redes pescando cerca de roca. Y sólo quedan los cefalópodos: pulpos y potas. Es para mí la hora de la retirada, siempre con precaución para que no me destroce una pierna uno de los ganchos que arrastran las cajas. La melancolía se cruza con la alegría. Melancolía porque hoy he terminado, alegría porque volveré mañana.

Cruzo el parking y esa extraña avenida repleta de tráfico que separa el puerto de la ciudad, y que decenas de miles de personas no han cruzado jamás..

Asciendo la empinada calle que lleva a la ciudad y, como en traveling, voy viendo alejarse el puerto. Cada paso que doy me aleja más y más, la calle tan empinada y perpendicular me aleja doblemente. Cada 10 ó 12 pasos me detengo para observar la lonja, a cada instante más lejana y baja.

Sólo tengo un par de kilometros hasta mi cama, y luego a la tarde a trabajar en la pescadería de los grandes almacenes. El pescado es mi vida, como para otros la poesía..

9 comentarios:

  1. Me gusta tu escrito por que nos has hecho conocer una realidad poco conocida, en un delicioso relato.

    El unico defecto que le veo, es que en los párrafos centrales hay demasiada reiteración.... Creo que hacia falta eliminar algunas partes que no aportan nada y que -a mi- me han echo sentir como si estuviese dando vueltas en un remolino... hasta que al final te has dignado a soltarme, jejeje.

    Saludos merluzos

    PD. Respecto a lo que me dijiste en una respuesta anterior; Quiero decirte que yo NO soy "un buen critico", ni jamás lo seré. Eso que quede para los INFALIBLES e ILUMINADOS.
    Lo unico que deseo hacer aquí, es aportar comentarios que te ayuden a calibrar lo que haces y que te den la perspectiva de un lector... Nada más.

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  2. Vale, retiro lo de buen crítico y me lo quedo para mí ;-))

    Puede que sobren parrafos, pero debo de haber visitado el 75% de las lonjas de Galiza, y resumir todo eso en un relato corto, bufff. Pero no es autobiográfico, hay muchas cosas inventadas, y el personaje sueña con un mar que nunca ha visitado ni probablemente visitará, y yo he navegado hasta con fuerza 11.

    Mientras tu escribias he metido una linea entre párrafo y párrafo, cosa que hago siempre , y que en este me despiste...

    GRACIAS POR LO DE DELICIOSO!!!

    UN ABRAZO!!!

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  3. Me ha parecido fantástico, me ha gustado muchísimo. Es un relato excelente. No le veo ningún fallo por ningún lado.
    A diferencia de Kuto, yo no eliminaría nada. Sí, los párrafos centrales te van envolviendo en una espiral, en una especie de remolino, pero que yo creo necesario para introducir al lector en ese mundo de la pesca, de las lonjas, del puerto, de la mar. El lector tiene que ver esos colores, oler esos olores, escuchar esos sonidos, saborear la sal del mar con cada frase, con cada palabra para así poder meterse en la piel del narrador y sentir lo que siente al final del relato, esa pasión por su vida: el pescado y por la poesía, que está presente en lo que va contando, de principio a fin.

    ( ¡¡¡Qué envidia para los que vivimos en el interior!!!)

    BESOS Y MÁS BESOS SALADOS.

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  4. Yo he tenido las suerte de ver lonjas, en plena faena de subasta, de ese tesoro que tanto cuesta traer a tierra, lo has descrito divinamente, es emocionante ver la entrada de los barcos a puerto,los familiares respiran tranquilos un ratito, sus seres queridos estan seguros, aunque por poco tiempo, pronto volveran a embarcar.
    Hacen falta muchas palabras, para contar tantas emociones,esos rostros que dicen tanto en sus miradas,dolor, soledad, incertidumbre, se han esforzado mucho,pero no saben si tanto sacrifio, tendra recompensa en el precio que haga el pescado en lonja.
    Sinceramente te felicito por el relato,si alguien relacionado con este sacrificado mundo de la mar lo lee,sonreira con tu relato.
    Solo el que ha vivido esto lo entiende; alguien a quien he querido muchisimo,nunca pudo olvidar una noche en una lonja en Galiza...."aparcando barcos"
    Te felicito ,un cariño grandote.

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  5. Vaya, pues me alegro de que a Dinah y a Anónimo les haya gustado tanto, yo estaba muy inseguro, me parecía demasiado específico. Describir 14 años de visitar lonjas y embarcar en pesqueros ha sido fácil, pero me parecía que si el protagonista embarcaba destrozaba el relato.

    Ha salido solo menos el final, pero creo que con ese traveling y que el tipo trabaja en una pescadería, lo he resuelto bien.

    Ya os digo, es uno de mis favoritos, nunca me cansé de visitar lonjas y de embarcar en sucios y viejos barcos.

    Yo trabajaba en cefalópodos, y recuerdo con cariño un embarque de una semana bajo un veraniego sol centelleante, embarque en el que no se capturó ni un cefalópodo, y yo tirado en cubierta sin camiseta; en sólo una semana me chupé "La guerra del fin del mundo" del otrora izquierdoso vargas llosa.

    GRACIAS, BESOS y ABRAZOS

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  6. salgado e húmido relato pescantín
    gostei moito e sorprendecheme no final
    sobre todo porque sei ben do teu oficio e querencia
    pero mellor que lle falte que que lle sobre
    e algo cecais falta como un pouco da musicalidade indixena
    poñer algunha cita das xentes do mar por exemplo
    a descripcion da subasta ben pero a min sabeme a pouco
    gostei moito esta parte
    Vuelvo a la realidad y disfruto del momento,
    un instante a medio camino
    entre la ciudad de la que huyo
    y el mar que se me resiste...
    si amigo narrador insubmiso bilogo mariño
    as cidades son duras e os portos .....
    que chingona esa travesia sen depredar
    e non escribiche nengún relato?
    unha aperta
    pipas

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  7. Non escribín ningún relato, non, daquela trabalhaba coma unha bestia e o último que me apetecía era escribir, creo que non tiven mais vacacions en todo o año que aquela seman, Asi que aproveité pra LEER. Daquela o meu tocayo Vargas aínda non era ultrafascista.

    O da corta descripción da subasta... é corta, sí, pero e que realmente non da pra mais. Unha vez que escomenzan a vender o único que hay son ganchos arrastrando caixas.

    De todolos xeitos, dichesme unhan boa idea, lembro aquela travesía perfectamente, nunca olvidarei ese primer plato de cariocas e arroz con cigalas de segundo. Non sei si para un relato, pero para un micorelaato de media carilla si que da -Igual foi no '93 ou 94, e a memoria é traicionera.
    Tentareino.

    Agora estoy con dous relatos : uno que, despois de unha triloxia de relatos de músicos callejeros, lle pon final ao ciclo, e creo que vai ser o melhor. E outro que é un experimento, hata de agora só fun un narrador, e neste relato trato de crear personaxes que non teñen casi nada que ver conmigo. A ver como sae, o final xa o teño, e casi tres páxinas, creo que pronto o rematarei.

    APERTAS

    Mario

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  8. Hola MArio,
    Me estreno comentando por primera vez en tu blog de escritor, muy buen relato, bien decrito y vibrante, en cualquier caso podría tener una música de fondo quizá tu amigo Coltrane, no sé como se hace ni si mereceria la pena, pero ya sabes que tengo tendencia a poner melodías a las historias
    Un abrazo

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  9. GRACIAS POR LA VISITA, JESÚS!!

    Coltrane no le pega, más bien le pega Chet Baker, yo lo veo melancólico, aunque no era esa la intención cundo lo empecé.

    Tienes una habilidad especial para poner melodías preciosas en tus columnas, al mismo tiempo que nos instruyes y nos llenas de dulzura.

    Yo voy a seguir escribiendo, aunque ayer dije lo contrario, pero si no escribo me como la cabeza pensando en mi perra y en cómo estará de bien atendida...Así que a escibir...

    Te voy a pisar un poco el terreno, como creo haberte dicho en un comentario. Pero sólo un poquito, eh?

    Un abrazo

    Mario

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