EL BLOG ESTARÁ ACTIVO TODOS LOS DÍAS

Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
POR TANTO, ESTE BLOG ESTARÁ ACTIVO, AL MENOS, MARTES Y MIÉRCOLES,

jueves, 31 de mayo de 2012

CASCADAS ASIMÉTRICAS (by Mario)

El agua corría cual garras de rapaces hambrientas. Trazaba surcos en aceras y asfaltos. No era un llover homogéneo, era como si alguien hubiera colocado un colador gigantesco debajo de las nubes,  y chorreaba aquí y no un metro más allá. Cascadas asimétricas. Podías pasar 50 metros bajo un torrente, y los otros 50 ni una gota. Sin embargo no había claros, el cielo estaba negro de horizonte a horizonte, negro como el alma de Goebbels.

Así pasaron 3 días horrendos, y empezamos a aparecer en las noticias de medio mundo. Además éramos una ciudad sureña, donde llover 2 días seguidos en verano ya era anormal.

Al cabo de una semana, empezaron a visitarnos científicos de todo el Orbe. No sólo meteorólogos, sino fisicos...e incluso biólogos e ingenieros. Los metorólogos y físicos hicieron mediciones con sus extraños aparatos, lanzaron sondas -como pequeños globos aerostáticos- a las nubes. Los biólogos tomaron muestras de plantas, líquenes, musgos, árboles, hongos...Los ingenieros hicieron bien poco, básicamente se dedicaron a ayudar a los otros.

La conclusión fue la erronea que todos esperábamos : “El cambio climático”. Nadié lo creyó, No podía haber un cambio climático sólo en una ciudad.

Durante 15 días más, despues de marcharse los científicos, el agua siguió cayendo enloquecida y enloquecedora.Ya era alrededor de un mes, pero nadie recordaba cuando empezó, era tan cotidiana como antes la brillante aurora...

Bajos inundados, personas rescatadas en Zodiac, un éxodo masivo de las partes bajas de la ciudad a las altas. Campos de refugiados...Y la lluvia se seguía derramando en su diabólica irregularidad. El mar se había instalado a vivir aquí.

De repente, un buen día  -bueno de verdad- el sol se reflejó en todas las ventanas. Los rostros, fascinados, daban gracias a Dios, a su dios particular, que podía ser Duke Ellington o Cortázar. Nadie sabíamos lo que podría haber motivado ese mes de pesadilla, pero no queríamos hacer más que olvidar.

Yo sólo podía pensar en un fenómeno paranormal. Y recordé a una bruja que me habían recomendado -y no fuí- cuando estaba en una extraña época de diversos y convergentes amoríos...

Le pregunté al amigo que me la había recomendado por su teléfono, y concerté una cita para el viernes de la siguiente semana a primera hora de la tarde.

Allí fuí, muy poco convencido, creyendo que hacía una locura, despues de disfutar de 10 días de sol y calor, de vuelta a la normalidad de esta despedida primaveral.

La primera visión de ella fue encantadora, era una anciana con aire de Blancanieves. Me hizo pasar a un cuarto donde sólo había una mesita redonda y 3 sillas. Las persianas estaban bajadas, pero las velas y el leve olor a incienso y a pino lo convertían en un lugar muy agradable:

- Bueno, ¿que te trae por aquí? - me preguntó- supongo que algún mal de amores o de trabajo, no?
- No -contesté yo- Y de salud tampoco. Ni siquiera sé si acudo a la persona adecuada, pero creo que no tenía otra opción...vengo a ver si me puedes explicar esa lluvia extraña que hemos padecido durante un mes.
- Vaya, pareces ser la única persona en esta ciudad que recuerda lo ocurrido, los demás quieren ignorar y escapar. Te voy a responder con preguntas, como dicen que hacen los gallegos.
- Adelante
- ¿Conoces las estadísticas de criminalidad que se publican cada año?
- No
- Pues desde que soy niña recuerdo perfectamente que, año tras año, encabezamos la lista, más que la capital incluso
- ¿Y esto que tiene que ver...?
- Tú sígueme atento y déjate llevar, vale?
- Vale.
- ¿Recuerdas que el invierno pasado llegamos a 7 bajo cero?
- Cómo olvidarlo...
- He consultado las temperaturas de los últimos 95 años en que hay registro, y sólo un año llegamos a Cero
- Supongo que también recordarás el ciclón de hace dos años, y las olas de 15 metros de hace tres
- Sí, pero eso puede ser consecuencia del cambio climático
- ¿Y los 150 niños muertos por envenamiento hace10 años?
- Uno de ellos era mi sobrino- y me eché a llorar
- Llora tranquilo, no te preocupes, tenemos mucho tiempo
- No, ya es una muerte asumida, pero me he acordado de cuando dejaba que me metiera goles...
- Hace 8 años una marea negra; hace cinco el derrumbamiento del edificio de correos, 24 muertos; hace 15 un coche bomba de ETA, 12 muertos...¿Quieres que siga?
- No, por favor.
-¿Te gusta leer Poesía?
- Sóllo he leido a Benedetti y Machado, y me cuesta esfuerzo, pero me gusta, sí, aunque soy más de Narrativa
Aún no atas cabos?
No
¿Sabes lo que ocurrió el 28 de Marzo de 1942?
No
- Miguel Hernández, probablemente el mejor poeta español de todos los tiempos, murió de tuberculosis en la prisión franquista de este puerto de mar el 28 de Marzo de 1942, con sólo 31 años. Este año se cumplen 70 años. Esta ciudad está maldita desde entonces y de por vida.

A Córdoba. A Dinah

martes, 29 de mayo de 2012

Un relato que me ha enviado con gentileza MARCOS CALLAU

Éste es su nuevo blog:

http://altiempodetenido.blogspot.com.es/

Cantos de sirena
 
El sol bañaba un domingo de invierno cualquiera mientras yo paseaba, con las manos en los bolsillos, las calles desiertas de mi ciudad. Fue entonces cuando, en un pequeño cruce, un Mercedes largo, plateado y reluciente, como un pez recién salido del agua, se detuvo a mis espaldas y alguien llamó mi atención desde su interior, emitiendo un leve chistido. Al darme la vuelta, una hermosa y alta rubia se dirigió hacia mí. Mientras yo, atónito, observaba entre el calado de su jersey las voluptuosas curvas de una apetitosa figura, la mujer me preguntaba por una calle desconocida con marcado acento extranjero. Ante mi respuesta negativa, ella pareció disgustada durante un segundo pero pronto sonrió y señalando el Mercedes, que seguía boqueando fuera del agua, dijo que intentaría arreglarlo con el taxista. Acto seguido, el automóvil y la muchacha se esfumaron al fondo de la calle como si se sumergieran en un oscuro océano, un delfín sin rumbo y una sirena varada. No dejaron rastro.

A los pocos días llegó otra tarde espléndida en  que la ciudad invitaba, una vez más, al paseo despreocupado. Paso a paso, sin rumbo fijo, llegué a un barrio desconocido y a una calle sin nombre. En ella, un letrero luminoso donde se podía leer la palabra CLUB, me guiñó una “C” y ante tal proposición no pude hacer otra cosa que entrar. Al instante comprendí que la sirena varada, aquella hermosa rubia del domingo anterior, había encontrado al fin su destino y yo, aquella tarde, escudriñaba el mío en su mirada. Ninguno de los dos volvimos a olvidar jamás el nombre de aquella calle donde, por primera y última vez, me dediqué a atender el canto de las sirenas.

lunes, 28 de mayo de 2012

LUIS CERNUDA

LUIS CERNUDA “Música Cautiva” (antología poética)
Primeras Poesías “1924-1927”

V


Ninguna nube inutil,
ni la fuga de un pájaro,
estremece tu ardiente
resplandor azulado.

Así sobre sobre la tierra
cantas y ríes, cielo,
como impetuoso
y sagrado aleteo.

Desbordando en el aire
tantas luces altivas,
aclaras felizmente
nuestra nada divina

Y el acorde total
da al universo calma:
 árboles a la orilla
soñolienta del agua

Sobre la tierra estoy;
déjame estar. Sonrío
a todo el orbe; extraño
no le soy porque estoy vivo.

(para los que hemos estado mucho tiempo embarcados, la mar -Salinas-  y el cielo -Cernuda- es lo único que existe)

sábado, 26 de mayo de 2012

Un poema de uno de los Grandes

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni me atrevo apreguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz de niño, esa que no sabía.

Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fé para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los bazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviendote.


Saritah
me ha venido a la cabeza mientras transcribia este poema. Te echo de menos, bitxo dormilón!!!!

Os dejo adivinar autor y título aproximado. Es uno de los más grandes de la literatura latinoamericana, y no os doy otra pista que sería demasiado obvia. El poema es de desamor, pero ¿hacia quién?.

SASSY

 (Este relato fue originalmente publicado en mi abandonado Blog : "El Jazz Clásico (moderneces las justas)", pero como supongo que habrá lectores de este blog que lo desconozcan -y es uno de mis favoritos- lo vuelvo a colgar aquí).
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Dejas que la lluvia te acaricie con ternura el rostro. Una lluvia añorada en este invierno que ha parecido un verano errado. La tormenta ha llegado así, de repente, como si fuera una de las galernas de tu añorado Cantábrico.Una gorda nube negra ha salido de la nada y ha cogido a todo el mundo desprevenido. En el reproductor de MP3 suena, profética, la versión de Come rain or come shine de Sarah Vaughan. Sarah, Sassy, el vibrato más sensual del Jazz. Tienes que recorrer 12 manzanas y vas con una camiseta, al salir de casa estaba despejado. Nadie te va a librar de una mojadura histórica, aunque la verdad lo agradeces, no es muy normal en este norte Atlántico ver gente en la playa en Febrero. Te centras en ensoñaciones con Sarah  para huir de una camiseta que ya parece un cenagal. Ella Fitzgerald es tu cantante favorita, Lady Day te emociona como nadie, pero de Sarah...de Sarah estás enamorado. Tienes en tu ordenador una carpeta preñada de fotos de ella. Y esta fotografía de fondo de escritorio :




Sueñas con que un día conoces a La Divina. Estamos en 1950, ella tiene 26 años, tú unos pocos más. Al acabar el concierto te acercas al camerino con una carretada de singles para que te los firme. Hay un guardia de seguridad gigantesco que te dice que por esa puerta no pasa nadie. Más admiradores quieren entrar, y la trifulca que se monta es de las que marcan época. Al oir el estruendo exterior la criatura más bella que ha pisado el planeta entreabre la puerta, con cara de susto. Tú abres tu maleta para que vea el cargamento de singles que has traído para que te los firme. Mágicamente, ella dice "deja pasar sólo a este". Tocas el cielo con las manos. Entras y ves a una Sassy agotada pero feliz. Descalza, lo que para tí añade más proximidad al encuentro. Al principio es el típico ritual de "yo te paso un disco y tú lo firmas", pero pronto le preguntas si es una pesadez atender a los fans. "si son como tú, no". Ya no tocas el cielo, vives en él. Pronto empieza una distendida conversación en la que ella te confiesa que lo duro no es soportar a los fans, lo verdaderamente duro es el viajar de ciudad en ciudad, que lo que le gusta es cuando puede hacer estancias de dos o tres semanas en un club, donde puede incluso acabar haciendo buenos amigos. Te dice que contigo se siente como con uno de esos amigos, como si te conociera de hace mucho tiempo. El cielo ya queda por debajo de tí. En esas entra el guardia de seguridad y te dice que es hora de marchar. Un frío polar recorre tu espalda hasta que Sarah contesta : "se quedará hasta que yo quiera". Y coloca comodamente sus pies descalzos sobre tus rodillas. Está claro que algo está pasando, y más claro aún cuando la conversación se hace totalmente libre y charlais sobre lo divino y lo humano. Sin que os deis cuenta, han dado las 7 de la mañana. Me dice "Horace, lo siento por mí y por tí, pero debo dormir si quiero estar en condiciones mañana en Kansas". Le digo que perfecto, que ya me ha dedicado demasiado tiempo. "Y me dice "El tiempo me lo he dedicado a mí, hacía años que no estaba tan a gusto con alguien". Y lo que iba a ser un beso en la mejilla se convierte en un dulcísimo beso en los labios. Ya no hay más que decir, coges tu maleta de singles firmados, os dais un gigantesco abrazo, y te vas. El guardia de seguridad no dice nada.
Suena Street of dreams y te das cuenta de que las 12 manzanas han quedado atrás, has llegado a destino. Apagas el reproductor y te preparas para enfrentarte a la burocracia. Tras la preceptiva cola, el primer funcionario que te atiende es tan altivo y desagradable que, despues de una noche pasada con Sassy, no tienes porque aguantarlo, así que te vueves a colocar los casquitos del MP3 y te das la vuelta con tu camiseta chorreante. ¡Ha salido el sol, la tormenta ha pasado! Buscas en el reproductor The man I love y te vas tan feliz pensando en la próxima noche en Kansas...

viernes, 25 de mayo de 2012

LA MAR

Entonces descubrí hasta qué punto era yo marino de corazón, de pensamiento y, por así decirlo, físicamente; un hombre que sólo se interesaba por el mar y los barcos: el mar, el único, el único mundo que contaba, y los barcos, piedra de toque de la virilidad, del temperamento, del valor y la fidelidad...y del amor.

JOSEPH CONRAD "La linea de sombra"

Variaciones que enseñaban
en la escuela: Egeo, Atlántico,
Índico, Caribe, Mármara,
mar de la Sonda, mar Blanco.
Todos sois uno a mis ojos:
el azul del Contemplado.
En los atlas,
un azul te finge, falso.
Pero a mí no me engañó
ese engaño.
Te busqué el azul verdad;
un ángel, azul celeste
me llevaba de la mano.
Y allí en tu azul te encontré
jugando con tus azules,
a encenderlos,a apagarlos.
¿Eras como te pensaba?
Más azul. Se queda pálido
el color del pensamiento
frente al que miran los ojos,
en más azul extasiados.
Eres lo que queda, azul;
lo que sirve
de fondo a todos los pasos,
que da lo que pasa, olas,
espumas, vidas y pájaros,
velas que vienen y van.
Pasa lo blanco, mortal.
Y tu estás siempre llenando.
como llena un alma un cuerpo,
las formas de tus espacios.
Cada vez que fui en tu busca,
allí te encontré, en tu gloria,
la que nunca me ha fallado.
Tu azul por azul se explica:
color azul, paraiso;
y mirarte a tí, mirarlo.

PEDRO SALINAS  "El contemplado" - Variación I

(plas, plas, plas, plas) He pasado, al menos, 150 días embarcado, y ni por asomo hubiera podido escribir algo remotamente parecido a esto. Pero me ha dado una idea, intentar escribir sobre esos mares que tan bien conozco.

jueves, 24 de mayo de 2012

ESTA NOCHE SOÑE... (by Mario)

Esta noche soñe que moría. Pero era una muerte extraña : ni por enfermedad, ni por accidente, ni por suicidio...Era una muerte dulce, una muerte deseada. En mi boca una sonrisa, como dicen que les ocurre a los congelados. Era una muerte esperada y anhelada, Dios al fin, me había hecho caso y me había matado. Pero a destiempo. Soñé que una vez muerto lloraba, y le decía a Dios : ¿Porqué ahora? ¿Porqué cuando me empezaban a ir bien las cosas? ¿Porqué cuando estaba curado?

Porque ésta era tu hora, ahora que habías dado el paso de creer en mí, te he llamado, aquí me haces falta.

¿Falta?¿Pero no eres omnipotente?

¿Omnipotente yo? - y se echó a reir.

Tengo ciertas capacidades más que los humanos, pero no puedo evitar que lleveis siglos matandoos porque creeis en varios Dioses cuando sólo hay uno, que soy yo. Sufro al veros tan perdidos, con tantas injusticias. Tengo la facultad de marcar el nacimiento y la muerte, aunque no siempre lo hago. Y de influir sobre los actos de ciertas personas, pero no sobre todas. Yo creé a Gandhi, a Malcolm X, a Martin Luther King... He creado poetas y pintores, fabuladores y héroes, pero no los he creado del todo, su soplo vital estaba dentro de mí, sólo tuve que darles forma.

¿Y las teorías? La gravedad, la evolución, la relatividad...

Sí, yo dí forma a sus descubridores, Einstein se me resistió mucho, no creas. Nunca había dado vida a una inteligencia tan brutal. Pero conseguí mezclar varias inteligencias en una y creé la mente de Einstein.

¿Es cierta la teoría de la evolución?

Si conjugamos a Darwin con Kropotkin, sí. Pero los neo-darwinistas lo han estropeado todo, aplicando a lo social, lo económico y lo político eso de “el pez grande se come al chico”, algo que Darwin nunca dijo. Ya ves lo impotente que soy, inventé a Darwin para explicar muchas cosas, y no imaginaba que su teoría acabara como excusa para el capitalismo.

Entonces no es cierto que creaste el mundo en siete días...

Esa es una fábula. Creé el mundo, sí, pero lo dejé en su mayoría al libre albedrío, aunque ahora me arrepiento, la verdad. Hay demasiadas manzanas podridas ente los ricos y los dirigentes, pero eso ya no puedo cambiarlo, solo mitigarlo. Creé al Ché Guevara, pensando que era un camino hacia una sociedad más justa, pero Fidel Castro estropeó toda su filosofía. Sentía al Ché como a un hijo, y lloré cuando le mataron.

¿Y no pudiste evitarlo?

Eres Cabezón, eh? Ya te he dicho que puedo influir en ciertas cosas, pero que os dejé al libre albedrío, y eso no lo puedo cambiar.

Vale, comprendido. Ya que me vas a dedicar un tiempo, tenemos que charlar sobre la virginidad de María, sobre la vida en otros planetas, sobre el Big Bang, sobre porqué no te manifiestas claramente y lo dejas todo a una cuestión de fé, sobre la ciencia...sobre muchas cosas.

Vas a acabar sabiendo más que yo, dijo con cachondeo. ¿Sabes porque quiero que mueras para estar a mi lado?

Te iba a decir que porque eres un cabrón, pero te mereces mi respeto.

Vaya, gracias por ser tan condescendiente – dijo riéndose

Yo no te creé, naciste de tu madre y tu padre, completamente ajeno a mis designios. Pero ya de pequeño llamaste mi atención, y empecé a seguirte. Hubo momentos malos en tu vida, momentos en los que me pediste que te matara. Pero no me lo pedías a mí, porque no creías en mí. No tengo ni idea de qué fue lo que te convenció de que yo existía, pero una vez dado el paso, te he matado porque necesito tu alma.

¿Mi alma?. Pues no sé qué ves en ella, la verdad...

Los adultos por lo general están corruptos, pero aquí tengo un pequeño grupito de almas adultas que son nobles, sencillas, limpias e inocentes. Y quiero que te unas a ese grupo. Son mis asesores más fieles.

¿De verdad soy así? No lo creo, sinceramente...

Porque no te puedes ver desde fuera. Tienes un alma blanca, totalmente blanca, por eso te quiero aquí.

¿Podemos seguir charlando? Tengo muchísimas preguntas...

Tranquilo, las resolverás todas cuando estés en el cielo.

Aún no estoy?

No, sólo has muerto, pero tu alma aún no ha trascendido. Y eso duele, te advierto. ¿Listo?

Que remedio...

De repenté entré en un torbellino, escuchando el "Interstellar Space" de Coltrane acelerado al máximo, una música horrible pero bella. Sentía agujas, no agujas, clavos insertándose en cada poro de mi piel. El torbellino de mil colores y formas también dolía, era como una segunda piel escamosa, no hacia afuera sino hacia adentro. De repente, alguien empezó a tirar de mi cabeza hacia arriba, separándola del cuerpo, intentando separarla para siempre. Sentía como los tendones se estiraban, las venas, los músculos, los nervios...Mi cuello debía de medir 100 metros. Y entonces rompió, rompió sin salir sangre, sólo un fluído blanco y lechoso.
Y  fueron a por mi corazon. Un cilindro hueco se clavó en mi pecho, doliendo horrores, extrayéndome el corazón, succionándolo.
Y cuando sentí que volvían a insertarme la cabeza para que viera todos los horrores del mundo...

Desperté sudoroso, chorreante, mi camiseta era un lago helado, me la quité y la arrojé al otro lado de la habitación. Cogí otra del montóncillo que siempre tenía junto a la cama, y a tientas me puse la bata. Por fín, con miedo, me decidí a encender la luz. Respiré con profundidad, me palpé el lado izquierdo del pecho : un latido acelerado pero normal. ¡¡Estoy vivo!!, grité. Miré mi pobre y solitaria habitación, y todo parecía estar en su sitio. Cogí el CD de Tormentas Imaginarias de 091 y lo puse en el reproductor, necesitaba algo de rocanroll.

Y de repenté reparé en ello : en la pared de frente a mi cama había...había...un triángulo con un ojo en su interior. Me guiñó y le saludé con otro guiño. Son insondables los caminos del señor...

Dedicado a 091, la única banda de rocanroll que ha merecido la pena en este país.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Un espléndido poema de Marcos Callau :

El amigo Marcos es el autor del mejor blog sobre Frank Sinatra en lengua castellana:

http://francescoalbertosinatra.blogspot.com.es/

y ha tenido a bien enviarme 2 poemas y una prosa para su publicación en este Blog. Así descansamos de tanto Machado y Hernández. Este poema me parece magnífico:

En mi Chevrolet del 57

La noche está abierta
pero el horizonte es invisible.
La espesa niebla de tu recuerdo
me tiene aquí estancado
en el kilómetro infinito
de una improbable escapada
mientras este asfalto, empapado de ti,
quiere desvanecerse bajo mis neumáticos.

La carretera es monótona
como el zumbido de mi radio estropeada.
Postes telegráficos susurran tus últimas palabras
en chispazos que rebotan brillantes,
como insultos,
sobre la chapa de mi Chevrolet del 57
Al tiempo, la lluvia resbala
como lágrimas que ante ti
nunca supe derramar.

Un lejano hotel llamado California
parece guiñarme sus ojos estrellados
y relucientes,
confeccionados con luces de neón,
pero esta noche ya no podré,
no seré víctima de su triste llamada.

La madrugada avanza sigilosa.
Mi emisora recuperada
descansa sobre el salpicadero
pero no me deja contactar contigo.
Lo único que encuentro es ruido,
rebotando por los rincones de tu ausencia,
cada vez más herida,
cada vez más abierta.

Y cada vez que dejo atrás otro kilómetro
averiguo que lo peor de esta noche alargada
es que no tengo un Corvette,
que no estamos en los años cincuenta
y que el móvil ya no tiembla
cuando me escribes una carta
porque tú ya no escribes nada.

Quizá sea hora ya de hacerse a la realidad
que me sitúa en un tiempo y un lugar
demasiado equivocados.
Esta noche la carretera está viva
y a partir del kilómetro infinito
construiré una ligera autopista
y un nuevo motor
que solo sepa rugir, dolorido
y llevarme raudo hasta tu hogar.



(no os olvideis que mañana toca publicación mía)

martes, 22 de mayo de 2012

AMAMANTAR

El viernes pasado viví una de las experiencias más bonitas y entrañables de mi vida. Dos amigos (Karina y Pablo) habían tenido mellizos 5 días antes ( habíamos estado con ellos 3 días antes del parto, un enternecedor encuentro fortuito después de años sin vernos; Pablo fue un compañero de Militancia Insumisa en los '90) y Pipas y yo fuimos a visitarles. Cuando llegamos, Karina les estaba dando el pecho a los dos, uno en cada brazo, uno en cada pezón. Me tendría que remontar muchos años atrás para recordar algo tan bello -si es que lo hubo. Por cierto, de paso me enteré de que está prohibido dar a luz en casa -que fue lo que hicieron ellos- sólo se puede parir en un hospital. Pinche gobierno que incluso en eso controla nuestras vidas.

Pero dejo la voz al poeta de la pandilla, Manolo Pipas, extraido de su web: 

http://www.envolventesaspalabras.info/:


da conversa ao parto

o paseo e a praza
o encontro e a conversa
e canto que compartimos
do tempo da vida e da morte
dos camiños de moitos de nós
e logo marchei ao recital
e o dia despois xa me levanto
pensando no parto e nas partidas

partir
é repartir unha cousa
partir é sair dun espacio
poñerse a camiñar
e compartir é ter
ou poñer algo en comun

o paseo e a praza
o encontro e a conversa
e canto que compartimos
e logo da noite veu o parto
co seu ritmo e con doula e parteira
co seu tempo no voso espacio ...

o parto
o voso parto
as crianças que se separan
pero que saen para estar
e poñerse a camiñar xuntas
e compartir as crianças
as crianças compartides con nós

o parto o nacemento como festa
a celebracion de duas novas vidas

manolo pipas

polo nacemento de elisa e eduardo
que pediu a chiquita celia moreiras
apertas e bicos karina e pablo

lunes, 21 de mayo de 2012

Trilogía DYLAN III [iUN MUNDO...!] (by Mario)

Un mundo sin Dylan
Es inconcebible, sería horroroso
un mundo sin nombre, a la deriva
Él es quien mantiene
el equilibrio
será el fin de los tiempos
el año que muera.
Nos quedarán sus discos

pero no podremos
desesperarnos
aguardando que edite el próximo
Las discográficas
harán su agosto
publicando inéditos
mientras el tiempo nos dé una tregua
Supongamos que muere en Mayo
al mundo le quedarán 7 meses
El 31 de diciembre
de ese año final
se apagarán todas las luces
no habrá cava
no habrá cotillones
con disfraz de pingúino
porque cuando la última uva sea tragada
no sé lo que ocurrirá
no sé cómo será el final
pero sé que el sistema solar tendrá un planeta menos

(Te quiero, BOB)

domingo, 20 de mayo de 2012

Trilogía BOB DYLAN (II) : "Forever Young"

 (He traducido esta canción con toda la ironía del mundo, cunando leais mañana el -breve- poema [en verso libre, claro] que le he dedicado, lo entendereis. Recordad que Lunes y Jueves son mis días "oficiales" de publicación propia)

Que dios te bendiga y proteja siempre
que se cumplan todos tus deseos
que trates bien a la gente
y dejes que los demas sean buenos contigo.
Que construyas una escalera a las estrellas
y subas un peldaño cada dia.
Que siempre permanezcas joven
siempre joven, siempre joven,
que siempre permanezcas joven.

Que crezcas siendo buena persona
que crezcas siendo fiel
que siempre digas la verdad
y veas la luz a tu alrededor.
Que siempre seas valiente
permanezcas firme y fuerte.
Que siempre permanezcas joven
siempre joven, siempre joven,
que siempre permanezcas joven.

Que tengas siempre cosas que hacer
que tus pasos siempre sean rápidos
que tengas las cosas claras
cuando corran vientos de cambio
Que tu corazon siempre esté alegre
que siempre te rían las gracias.
Que siempre permanezcas joven
siempre joven, siempre joven,
que siempre permanezcas joven.

viernes, 18 de mayo de 2012

Trilogía BOB DYLAN (I) : Mi canción favorita del Maestro, "I want you"

(traducción no perfecta, Dylan no es un poeta fácil)

El empresario culpable suspira,
El irritante órgano solitario llora,
Los saxofones plateados dicen que debo negártelo.
Las campanillas rotas y lavadas fuera los cuernos
Soplan en mi cara con desdén,
Pero no de esa manera,
No nací para perderte,
Te quiero, te quiero,
Te quiero tan mal,
Cariño, te quiero.

El político ebrio brinca
En la calle dónde las madres lloran
Y los salvadores que están rápidamente dormidos,
Esperan por ti.
Y espero para interrumpirlos
Bebo de mi taza rota,
Y me pregunto
Abro la puerta por ti
Te quiero, te quiero,
Te quiero tan mal,
Cariño, te quiero.

Ahora todos mis padres, han bajado
Verdadero amor han estado sin él.
Pero sus hijas me soltaron
Por que no pienso sobre él.

Bien, devuelvo a la reina de espadas
Y habla con mi camarera.
Ella sabe que no tengo miedo
Para mirarla.
Es buena a mí
Y no hay nada que no ve.
Sabe donde me gustaría ser
Pero no le importa.
Te quiero, te quiero,
Te quiero tan mal,
Cariño, te quiero.

Ahora su niño baila con su traje chino,
Él me habló, tomé su flauta.
No, yo no era muy listo para él,
¿Yo era?
Pero lo hice, sin embargo, porque él mintió
Porque él lo tomó para un paseo
Y porque el tiempo estaba de su lado
Y porque yo…
Te quiero, te quiero,
Te quiero tan mal,
Cariño, te quiero.

Cuatro brevísimos poemas de MIGUEL HERNÁNDEZ

LA PALMERA

ANDA, columna; ten un desenlace
de surtidor. Principia por espuela.
Pon a la luna un tirabuzon. Hace
el camello más alto de canela.
Resuelta en claustro viento esbelto pace,
oasis de beldad a toda vela
con gargantillas de oro en la garganta:
fundada en tí se se iza la sierpe y canta

AZAHAR

FONTERA de lo puro, flor y fría.
Tu blancor de de seis filos, complemento,
en el principal mundo, de tu aliento,
en un mundo resume un mediodía.
Astrólogo el ramaje en demasía,
deverden resultó jamás exento.
Ártica flor al sur;
es necesario
tu desliz al buen curso del canario.

Extractos de “LA MORADA – amarilla”
¡Qué morada! es Castilla:
¡qué morada! De Dios y qué amarilla
¡Qué solemne! Morada
de Dios la tierra arada, enamorada,
la uva morada y verde la semilla.


Páramo mondo:mondas majestades:
mondo cielo: luz monda: mondo olivo:
monda paz y silencio mondo y vivo:
¡soledad!: ¡Soledad de soledades!,
con una claridad a la redonda
viuda, sola y monda

miércoles, 16 de mayo de 2012

AMANECER DEAMBULANTE (by Mario)

Prólogo de Miguel Hernández:
La luz es un ungüento
que cura la mirada del espanto


El amanecer cayó como un relámpago estrellado. Un segundo antes yo estaba durmiendo benditamente. Un segundo después asomado a la ventana, viendo el sol caer derretido como un mediodía saharaui. Lo primero que pensé es que me había quedado dormido. Miré el despertador, 6:57 A.M., fuí al ordenador, encendido como siempre descargando música, 06:58. Miré hacia lo lejos, en esta pequeña y agradable ciudad construida sobre leves colinas: en unos puntos amanecía, en otros era de noche, en algunos había un sol de mercurio.

Encendí televisión y radio, miré por internet. Nadie daba ninguna noticia sobre el fenómeno. Ni siquiera en el infomativo nacional de las 7 de la mañana. Era normal, siempre habíamos sido ignorados, ni siquiera el ferrocarril llegaba aquí.

Salí a la calle y encontré sonámbulos, zombies, todos nos parábamos a hablar sobre lo que estaba ocurriendo. Lógicamente, ni los más veteranos recordaban algo parecido.

Mis pasos me dirigieron al pequeño barrio que aún permanecía en oscuridad. Persianas bajadas, noche total, barrenderos de madrugada...Y mi reloj que marca las 3 y media. No me lo puedo creer, no sólo el amanecer deambula, también la hora.

Y amanece, con la misma brutal intensidad que en mi barrio, y el reloj salta a las 7. Veo legañosos asomarse a las ventanas, incredulidad, desasosiego, sorpresa...

Vuelvo a mi barrio y está en penumbra. En mi muñeca son las 9, de la noche, supongo. El ordenador lo confirma. E-mule, que ayer lo puse a bajar de un tirón 12 discos de Dexter Gordon, ya ha bajado todos. Para él han pasado una noche y un día completos.

No tengo sueño. ¿Que habré pasado, 2 ó 3 horas despierto?. Vuelvo a entrar a internet y en la página de nuestro ayuntamiento simplemente insinuan que parece haber un pequeño desfase de amaneceres. ¡En la página de nuestro propio ayuntamiento!

No tengo ni idea de qué hacer, estoy perdido, desorientado, aturdido. Ya es de noche, 4 horas después de amanecer. Enciendo la luz de lectura y del cestillo de imprescindibles cojo al azar un libro, que resulta ser “El Aleph”. Mil veces lo habré leido, pero nunca me canso.

Ya no sé que hora es, ni mis relojes ni mi ordenador lo saben, pero a las 5 de ¿la tarde, la mañana? vuelve a amanecer, con la misma violenta crueldad que ¿ayer?. Se repite la aberración de barrios en penumbra, de noche, de día...Y seguimos sin aparecer en las noticias. En la calle ya no se habla, todo son caras deambulantes, extraviadas y llenas de terror.

´Se repite la misma monstruosa anormalidad durante una semana, pero yo al cuarto día ya comprendí lo que estaba pasando. En uno de mis rutinarias caminatas, a las afueras de la ciudad, descubrí un edificio que nunca estuvo allí y en cuyo umbral rezaba “Universidad de Miskatonic, hogar del Necronomicón”.

Epílogo de Manuel Machado :

Esta vaga quietud... ¿un sol espera,
que el denso velo de la niebla rasgue?
¿O una noche sin luna y tenebrosa?
¿Será tarde o aurora? ¡Quién lo sabe!

POEMA DE ANTONIO MACHADO

     He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
    En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
    y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
    Mala gente que camina
y va apestando la tiera...
    Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
su cuatro palmos de tierra
    Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan,
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
    y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
    Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.


 ANTONIO MACHADO - El Viajero (II)

martes, 15 de mayo de 2012

YA LLEGAMOS AL FINAL: 4 de 4 re-publicados

HOJAS

Hoy había visto amanecer, quizá por primera vez en mucho tiempo. El amanecer era al fín, como en sus sueños, la hora de pasear lentamente por la ciudad apenas despierta. Se dirigió a la avenida de siempre, su muda compañera de tantas y tantas noches, ahora convertida en una dulce amiga de su primer amanecer. Así lo sentía él, como si nunca hubiera visto la aurora. El paseo le recibió tan misterioso como siempre, tan estático y tan cambiante como siempre. Cruzó la reja y se preparó para dejarse enamorar por esta novedad tanto tiempo deseada, para disfrutar del viento en la cara y el primer sol en los ojos.

Caminaba despacio, jugando sus botas en el marrón brillante y rojizo de las hojas caídas. Le gustaba ver como la puntera se abría camino, firme y elegante como la proa de un viejo buque.Y cómo a menudo perdía de vista sus pies, ocultos bajo una nube de hojas arrastradas por el viento. Eran las primeras hojas del otoño. Ayer mismo había recorrido el paseo al anochecer y lo vió limpio y gris, sin manchas de color que agarraran su mirada. Hoy mereció la pena madrugar. Dejó que su mirada recorriera la extensión oscura y cambiante, hasta posarse en un árbol que aguardaba en un parque, al final del paseo. Apenas se desperezaba la ciudad, y el árbol destacaba en el silencio, recortandose al cielo desvaído del amanecer.

Era un árbol grande y redondeado, un árbol protector de fresca y amplia sombra durante el verano. Ahora algunas de sus hojas corrían ya por la hierba, mientras la mayoría aún permanecía sobre las ramas mostrando a la mañana sus tonos amarillos y castaños y algún verde tardío. A contraluz el viento lo convertía en un gigantesco juego de sombras chinescas, que dejaba pasar solitarios rayos de una luz tímida que hería la vista. Se fue acercando mientras descubría nuevas formas y matices que le atraían. Cuando llegó tan cerca que podía tocar el tronco húmedo con la punta de sus dedos, el sol estaba ya alto, y la ciudad y el paseo llenos de bulliciosa vida. Se quitó el impermeable, lo extendió sobre la hierba, y se tumbó cómodamente, boca arriba, bajo el árbol, con las rodillas levantadas y los ojos ávidos de registrar todos los movimientos con que el viento, juguetón,  mecía las ramas.

Permaneció así un buen rato, cada instante más atento, fascinado por los giros alocados de las hojas en las ramas, por el dulce y anárquico vuelo de las que caían, por el movimiento de las ramas sobre el aire, por la facilidad con que las formas cambiaban, como si fueran los miles de patas de un extraño animal. No prestaba atención a los ruidos de la ciudad ya plenamente activa, sonidos apagados por el silencio del parque,ecos tocados con sordina, sus oídos ajenos a todo lo que no fuera el rumor del viento y el suave golpeteo contra el suelo de alguna bellota caída. Pensó que le gustaría dibujar el árbol tal como era ahora, antes de que perdiera todas sus hojas y se convirtiera en un esqueleto parduzco durante los meses de invierno. Empezó a dibujarlo en su cabeza, tomó nota de las proporciones, trazó lineas que luego borró, y otras que no, sombreó alguna de las ramas para darle volúmen, afiló un lápiz imaginario, y al final rompió en mil pedazos lo que había dibujado. No estaba satisfecho. El dibujo podía ser real, tenía que ser real.

Corrió a una librería cercana a comprar un gran cuaderno de hojas vírgenes, blancas y duras. Mientras elegía los lápices y el dependiente empaquetaba sus compras, se sorprendió aspirando con placer un aroma perdido, a escuela primaria. Salió de nuevo al ajetreo de la calle, reteniendo el olor entre sus pensamientos, arropándolo como si fuera un polluelo caído del nido. Y por fín encamino sus pasos hacia su objetivo.
El viento levantaba torbellinos de hojuelas caídas, torbellinos que duraban apenas un segundo, para luego deshacerse en largas nubes que se perseguían unas a otras, y que terminaban recostadas contra la base de algún gran tronco.

Anduvo despacio entre las breves ráfagas, disfrutando anticipadamente  de la idea de un día largo y tranquilo. Volvió a sentarse en su viejo impermeable y empezó a dibujar. Sujetaba con fuerza el cuaderno para defenderlo del viento, intenso a veces. Poco a poco fueron saliendo de su lápiz hojas y ramas, sombras y luces, contornos, volúmenes, y se fue insinuando sobre el papel la forma de un gran robleque empezaba a perder su follaje en los primeros días de otoño. Tan solo algún niño jugando se acercó a mirar por encima de su hombro, y en seguida perdió el interés ante los trazos finos, coriendo a unirse a los gritos y patadas de sus compañeros.

Ya casi anochecía cuando levantó su mano, estiró las piernas, se incorporó, y dio unos pasos hacia atrás para comparar su obra con lo que ahora veía anaranjado, casi rojo, alumbrado con los últimos rayos del día. En ese momento, un golpe de viento, fuerte y largo, movió todas las ramas y arrancó una bandada de hojas muertas que cambiaron su contorno. Por un instante contrajo el rostro en una mueca de desagrado, pero comprendió en seguida que lo que había dibujado era ya un pedazo del pasado, y que sólo podía aspirar a recoger en su cuaderno un momento breve, casi inexistente, perecedero como el tiempo que tarda el humo en deshacerse con el vendaval.

Volvió a la mañana siguiente y todas las otras mañanas, de frío, de lluvia suave, y también de sol que calentaba la espalda y hacía brotar efímeros arco iris en las fuentes del parque. Fue poco a poco llenando el cuaderno de dibujos de un árbol que parecía muchos, de un árbol cada vez más dormido y fibroso, de primeros planos de hojas que caían, con sus nervios marcados como espinas de un pez fósil. Y con sus dibujos fue formando una enorme colección de instantáneas, imágenes que recordaban a un libro que vió una vez, en la exigua biblioteca de la escuela. En él se sucedían filas y filas de minúsculas fotografías del mismo paisaje, y allí siguió, con su imaginación y sus ojos, el cadencioso ritmo de las estaciones. Aquello le había llamado la atención, sin entender que clase de loco tenía la suficiente paciencia, la infinita paciencia de tomar tantos planos. Sonrió ahora meláncolico ante la paradoja, ante su enorme repertorio de ilustraciones, un repertorio que le convertía en testigo único del otoño del roble y de sus cambios.

Una mañana de un sol frío y pequeño levantó la vista al llegar a su lugar de siempre, y vió que del árbol sólo quedaba el armazón de ramas dormidas. Todas sus hojas estaban ya esparcidas sobre la hierba y los caminos, y muchas de ellas servirían de sustento a la nueva primavera. Se sentó para dibujar  ese perfíl desnudo y familiar que conocía tan bien como la piel de una mujer imaginada, y quiso tardar mucho más que ningún otro día. Se recreó en cada linea hasta el infinito, disfrutando cada instante de esos últimos trazos como se paladea el último bocado de un plato exquisito. Cuando terminó, ya el anochecer se apoderaba del parque, las luces del paseo encendidas, y los pocos paseantes escapando del frío con las manos en los bolsillos.
Entonces decidió hacer lo que nunca había hecho: alterar el dibujo, no respetar el original. Y dibujó, a medio camino de una rama, muy alejada del tronco, una única y minúscula hoja que destacaba como una huella en la nieve. Cerró el cuaderno y respiró profundamente, sintiendose satisfecho y triste al mismo tiempo.
 
Tomó entre sus manos el cuaderno cerrado, henchido de todos sus dibujos, y lo depositó al pie del árbol. Mientras se alejaba, arrebujado en su abrigo, el viento abría el cuaderno e iba arrancando las laminas blanquinegras, que se agitaban en el aire unos segundos, antes de corer a confundirse con las hojas secas en la oscura noche de invierno.

lunes, 14 de mayo de 2012

LUNES : toca "algo" mío

(Este intento de poema está dedicado, evidentemente, a Bob Dylan)

YO ERA MUCHO MÁS VIEJO

Yo era mucho más viejo entonces
soy más joven que eso ahora.
Fui verdaderamente joven
desde mis 14
a mis 28
Luego las cosas fallaron
quizás de forma imprevista
quizá provocada
Me hice viejo
prematuramente viejo
mi mente
con un “clic”
rompió amarras con la realidad
Y entré en la espiral
en la espiral del dolor y los malos médicos
Hace 17 años de aquello
A veces
dicen
que el tiempo pasa como un suspiro
Pero a veces
cada segundo es una hora
cada hora, un mes
cada inspiración duele
como espinas atravesando tus pulmones
y tu cabeza hace un fundido en negro
un fundido que puede durar meses
Es miércoles y puede ser sábado
es abril y crees que es agosto
El tiempo no pasa
permanece
y cuando te das cuenta
tienes 35 y eres un anciano
¡Allá van 7 años perdidos!
(y los que vendrán)
Llegas a tus 38
con el peso de diez reencarnaciones
en rata, en serpiente, en mala hierba
y un médico te diagnostica
“TB”
para toda la vida
Y te receta una medicación
equivocada
Dejas de ser persona
también dejas de sufrir
pero ¡Oh!
el precio es demasiado alto
te transformas en ese mandarino
que colorea
tu habitación
¿Vegetal?
No, piedra
no mandarino
sino un pequeño canto rodado
ni siquiera al vaiven
de los elementos
por insignificante
La lectura
hasta entonces eje de tu existencia
se convierte en tan pesada carga...
Escribir es inasible
incluso la música te abandona
durante meses
Sueñas que pinchas
el “Village” de Rollins
pero ni para ello sacas fuerzas
de tu ¡maldita!
existencia
Y siguen pasando los años
y piensas que es una dulce cortina
de humo
no sentir
no pensar
no existir
No crees que haya otro posible vivir
Y entonces
un cambio de médico
obra el milagro
¡Piensas
dueles
vorazmente devoras libros!
Redescubre músicas olvidadas
la granja de Maggie
te acoje
con calor te adopta
y tú lo sientes
Duele y duele
pero estás vivo
No siempre duele, tambien sueña en gloria
y haces una locura
volver a escribir
porque
yo era mucho más viejo entonces
soy más joven que eso ahora
Joven por siempre

domingo, 13 de mayo de 2012

Luego va una poesía (no mía)

Pero ayer mi amigo Pipas me recomendó que publicara esta brevísima descipción de la burocracía, que, con su habitual maestría, el Señor Joseph Conrad clava en un exiguo párrafo :

"Una vez allí me abandonó el entusiasmo. La atmósfera administrativa es de tal naturaleza que mata todo lo que vive y respira energia humana, y es capaz de de apagar la esperanza, como el temor, bajo la supremacía de la tinta y el papel"
Está bien que se mida con la dura
sombra que una columna en el estío
arroja o con el agua de aquel río
en que Heráclito vio nuestra locura.

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
se parecen los dos: la imponderable
sombra diurnay el curso irrevocable
del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
otra sustancia halló, suave y pesada,
que parece haber sido imaginada
para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
de los grabados de los diccionarios,
la pieza que los grises anticuarios
relegarán al mundo ceniciento.

Del alfil desparejo, de la espada
inerme, del borrosos telescopio,
del sándalo mordido por el opio,
del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
y tétrico instrumento que acompaña
en la diestra del dios a la guadaña
y cuyas lineas repitió Durero?.

Por el ápice abierto el cono inverso
deja caer la minuciosa arena,
oro gradual que se desprende y llena
el cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
arena que resbala y que declina
y, a punto de caer, se arremolina
con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
e infinita es la historia de la arena;
así, bajo tus dichas o tu pena,
la invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída.
Yo me desangro, no el cristal. El rito
de decantar la arena es infinito
y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
sentir el tiempo cósmico:la historiaa
que enciera en sus espejos la memoria
o que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cártago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
que el rey sajón ofrece al rey noruego.

Todo lo arrastra y pierde este incansable
hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
de tiempo, que es materia deleznable




J.L.BORGES - El reloj de arena

sábado, 12 de mayo de 2012

COMO ES FIN DE SEMANA...

ahí van dos poemas, uno de regalo

MIENTRAS HAYA POETAS...

Inverosimil resulta
un mundo sin poesía
magia perdida
atroz desenlace

Inverosimil pues
la palabra perdida

La dicha que produce
en el alma inquieta
la curación poética
el bálsamo de la lírica

Quizás aparente
que las buenas gentes
se apartaron de la poesía.

Hace años
que pensamos
que la poesía no es un arma arrojadiza
sino un pecio del pasado.
Quizás aparente...

Pero enfréntalos
a un Unamuno, un Borges
y verás como las anclas
que ataban sus mentes al vacío
anclas de pura pereza
se deshacen en fluído.

Y mientras tanto ahí permanece
la poesía, agazapada y oculta
lista para destruir
a esta sociedad infame.

Párrafos de la más hiriente punta
frases en las que anidan sierpes
ritmos de metrónomo trastornado
letras que ocultan malquereres.

Vencida pero no derrotada
la poesía
surge con fuerza
en cada niño que recita a machado.

Y a pesar de un mundo
injusto
los libros se abren
se palpan
se huelen
se disfrutan como regalo y regalado

Como dijo aquel
por mí olvidado
La poesía no necesita
de jueces o fiscales
si acaso de testigos
pues la poesía
se defiende sola.


Quiero dedicar esta poesía al Maestro Miguel Hernández, poeta universal de quien todo ya está dicho, y que nos regaló, en abundancia, sus versos.

Juventud caprichosa

 (hoy correspondería re-publicar el cuarto relato de los 4 de aquel día infame, pero en su lugar he preferido daros un descanso y publicar un atisbo de poema de éste que os escribe)

Una confesión : ¡Yo de mayor quiero ser Joseph Conrad! A su poético manejo del lenguaje se une la capacidad de crear escenarios terriblemente asfixiantes basados en la más mínima anécdota.


Juventud
caprichosa
puedes tener
todo a tu favor
y repentinamente
tomar una decisión
antojadiza
y que tú crees valiente.

Puedes ser
un reputado y ansiado marino
en quien todos ven un futuro capitán
y como en este caso se dice
con verdadera propiedad
“tirar todo por la borda”.

Puedes ser
un brillante y prometedor
científico
y dejarlo todo
por tu banda de rocanroll.

La juventud es así de caprichosa
nadie te va a apartar
del rumbo elegido
aunque la derrota futura
sople fuerte.

Juventud caprichosa
juventud inconsciente
brillante
ignorante
ausente del futuro
¡Bendita juventud!
Que sin embargo
puede romper
por razon invisible
el corazón de un hombre o de una mujer.

Juventud que piensas
durará siempre
y eres imprudente
inconstante
temerario y excesivo
Y puedes ser mortal
sin pretenderlo.

Mortal por abandono
mortal por guiarte
por cantos de sirena
Mortal por antojo
por deseo
por un odio inventado.

Fragil juventud
corta y esbelta
desconocedora de que hay
un mundo adulto
¡Queda tan lejos!

Juventud que juzgas eterna y no efímera
¿Y el día que te abandone
leve como un suspiro?

¿Y el día que sepas
que eres adulto?

Desconoces que ese día llegara
¡Disfruta!
¡Sé libre!
Sé libre como nosotros los fuimos
¡Sé inconsciente!
¡Rompe corazones!
Toca rocanroll y aleja tu tedioso futuro
Bebe la vida y el vino
bébelos hasta saciarte.

Y en la adultez...
¡No te arrepientas de nada!
Aquel tú no es el yo de ahora.

Este verso libre está basado, muy levemente, en “La linea de sombra” de Joseph Conrad

jueves, 10 de mayo de 2012

3 de 4, re-publicando las prosas de aquel día nefasto.

Este relato, el menos breve de todos los que he escrito, es el que yo considero mi "obra maestra", y sin embargo a la mayoría de la gente parece no gustarle. Espero vuestras opiniones.

LA RECTA

El rugido de mil voces me sobresalta: los cajones han debido de abrirse; no lo esperaba tan pronto, la Carrera ha comenzado y yo aún no he alcanzado las escaleras. Dieciséis participantes en busca de la gloria y yo de espaldas a la pista, intentando abrirme hueco entre la masa de cuerpos que gritan, temblando de esa emoción que sólo se siente una vez al año -cuando llega esta Carrera, el Gran Premio de Otoño, la más importante del año, la reina del medio fondo.

Me abro paso a codazos, ansiando llegar a un sitio desde el que pueda ver algo.  Maldigo la ocurrencia de pasarme por las taquillas a echar un último vistazo, a ver cómo iban los boletos de apuestas; una semana de expectación, de discusiones, apuestas y conjeturas, nervioso como nunca, casi sin dormir, para en el último momento perderme la salida. Nunca me había pasado, no vivir ese momento único en que las puertas de madera se abren, sincronizadas, y ya sólo pueden hablar los 2400 metros de hierba que hay por delante. Siento angustia ante lo que me puedo perder, miedo de no encontrar un sitio para ver la curva del río y la entrada en la recta final; temo no ver la llegada que promete ser apasionante, una de los más disputadas de los últimos años. Los mejores del país frente a un único enemigo de fuera, pero basta con él: el dominador absoluto de la temporada en las Islas: cuatro salidas, cuatro victorias, todas en premios millonarios. ¿Podrá con él alguno de los nuestros?. Las apuestas no son optimistas, el isleño es el gran favorito.

Yo al menos no he apostado por él, está en la pista con el número 3 uno de los mejores caballos que he visto correr jamás en este Hipódromo, nacido aquí y con los colores de una cuadra de la casa. He jugado por él, a ganador, con más fe que esperanza, con el corazón y las ganas de empujar desde la grada, que no se crean los Ingleses que pueden llegar aquí con su mejor alazán y su más prestigioso jinete, en avión, el día anterior, y arrasar como si los nuestros fueran cojos.

Por fin me puedo acomodar, dar la vuelta y mirar hacia la pista. Apenas 200 metros, no he perdido casi nada. No distingo los colores: ¿quién está lanzando el inicio?. Es igual, ahora me enteraré, al primer paso por meta, y además está ya la megafonía dando posiciones. <<Colocación al paso por los 300 metros: Guajira, Aketegi, El Dorado, Blue Nile, Singapur, Arco Iris,... >>. De momento, lo esperado, tirando del grupo los compañeros de cuadra de los favoritos, Guajira endureciendo la carrera para Estrómboli, El Dorado para Tres de Oros, Aketegi como siempre, en punta, haciendo su propia carrera, pero creo que la distancia le queda demasiado larga, el jinete se ha equivocado de táctica, es un caballo de milla, no de milla y media. El Inglés esta bien situado, cuarto, atento a lo que pasa por delante, dicen que es como le gusta correr a Blue Nile, se siente más cómodo.

Se acercan a las tribunas, al primer paso por la recta de meta; el resonar de los cascos se mezcla con los murmullos del público. Van muy agrupados pero la carrera está lanzada, es uno de los principios más rápidos que recuerdo, puede que hoy batan el record del Gran Premio.

Están ya justo frente a la tribuna, nos estremecemos con el retumbar de las pisadas, del galope, las herraduras sobre la hierba, el contacto entre las grupas sudorosas, un fragor intenso resaltado por el silencio casi místico del público. La nube parda de los caballos pasa a nuestra altura, rápida, veloz como una mancha, levantando una humareda de tierra y césped. El número 5 ondea suavemente en el costado de un Blue Nile que parece tranquilo, demasiado, su jinete lo está reteniendo. Por eso la multitud calla, callamos, porque el Inglés parece que va sobrado, de paseo, y Al-Mansur, nuestra gran esperanza, el potro por el que yo he apostado, el de las grandes polémicas de la semana -si podrá o no con el "crack" foráneo- aparece casi al final de la caravana, encerrado contra los palos, incómodo, revolviéndose y sudoroso, demasiado sudoroso. Su jockey, vestido con los clásicos colores -lila y amarillo- de esa cuadra legendaria, parece sin embargo tranquilo, concentrado en el cuello de su cabalgadura, sin mirar adelante ni atrás. Todavía es pronto, queda mucha pista, está todo por resolver.

Las brillantes chaquetillas de los jinetes nos dan la espalda, faltan cien metros para afrontar la primera curva, la del aparcamiento, la que aún no es decisiva. Se cruzan y recruzan para coger la punta o los palos del interior, para entrar al giro bien colocados y arrancar en la recta de enfrente. Blue Nile prácticamente en cabeza, igualado con Guajira, que va por dentro, tirando a muerte, sacrificando todas sus opciones para un Estrómboli al que no veo en forma. Al-Mansur se ha situado algo mejor, por el exterior y en mitad del grupo, no es caballo al que le guste ir encerrado. Se estiran para ceñirse al arco, las posiciones se aclaran, los del interior buscan los setos, empujones, choques, cuartos traseros contra cabezas, hay que trazar por dentro, ahorrar esfuerzos.

Ya se han situado, la curva empieza y ralentiza el ritmo, un respiro necesario después del impresionante comienzo. Me da tiempo a levantar la vista y veo las nubes -gordas y oscuras, de lluvia- volviéndose a cerrar rápidamente. Hace viento, refresca. La pista ya estaba pesada por los primeros aguaceros de otoño, pero parece que se nos viene encima otro chaparrón antes de que acabe la carrera; otra buena noticia para Blue Nile y su jinete, acostumbrados a correr entre auténticas cascadas, allí, al norte.
Abandonan la curva, enfilan la recta de enfrente, el grupo se rompe; Aketegi ha lanzado un terrible acelerón, sólo puede responder Blue Nile; la fila se tensa, se resquebraja, se hace añicos en grupitos de dos o tres, poco más; algunos jinetes empiezan a manejar las fustas viendo esfumarse sus opciones: Turista hace honor a su nombre, Estrómboli va junto a él, cerrando la carrera; dos caballos de la Cuadra Urbasa (Sureño y Júpiter) marchan un cuerpo por delante. Por arriba Guajira se mantiene a tres cuerpos de la cabeza, hace de enlace con el grupito de cinco del que tira Al-Mansur, a otros tres cuerpos de la yegua, que está haciendo un carrerón, lo contrario que su compañero de cuadra, Estrómboli, que ni debería haber salido a la pista, lleva unos meses desconocido, ni sombra de lo que era desde una pequeña lesión en primavera.
Me fijo en Aketegi y no entiendo la táctica de Cristóbal Cabrera, su jinete; a un caballo de milla no se le puede exigir así en los 2400, lo va a desfondar antes de entrar en la recta. Cierto que ya no es un potrillo, tiene cinco años y a estas edades empiezan a ganar resistencia, pero este mismo verano fue segundo en la Copa de los 1600, sigue siendo un gran velocista, y esto es medio fondo.

Las distancias entre los de delante se reducen, parece que Aketegi pierde fuelle, Blue Nile dirige ahora con autoridad pero baja el ritmo, el grupito de Al-Mansur (con Playa Azul, Singapur, Alondra y Arco Iris) alcanza a Guajira y se acercan a la punta, el resto parece que no cuentan salvo Belle-de Jour, Tres de Oros y La Terca -la única de la cuadra Urbasa que aún aguanta- que luchan por no descolgarse; la carrera se va a resolver entre once como mucho y sólo está mediada la recta de enfrente, quedan casi 1000 metros, un Gran Premio duro de verdad, cinco caballos fuera de carrera a falta de un kilómetro.

Empieza a llover, fuerte y repentino, una cortina de agua que dificulta la visión y hace abrir los paraguas a los pocos precavidos. La irrupción de la lluvia me distrae un momento, imagino el hipódromo visto desde arriba, una elipse con dos colas en extremos opuestos. Dos rectas, dos curvas, verdor, y poco más: tan sólo la mancha blanca de las tribunas en la recta de meta; y otra mancha, pequeña, alargada, móvil, parda y matizada de colores, casi invisible para mi imaginario paracaidista, donde se está desarrollando esta pequeña historia que es tan importante, lo único que ahora mismo existe para las miles de gargantas que ya empiezan a alborotar ante la cercanía del final.

La proximidad de la última curva acelera el ritmo de forma salvaje, hay cambios en la cabeza, el dúo que ha mandado toda la recta cede, aparece Belle-de-Jour, la importada esta misma temporada con un historial impresionante, que parece querer demostrarlo. Le acompañan Tres de Oros y La Terca, un trío que apenas se destaca un cuerpo de sus perseguidores, un grupo de ocho ahora compacto donde mandan Blue Nile y Al-Mansur, por fin costado con costado, mirándose las caras sus jinetes, conscientes de su papel de favoritos.

Entran en la curva, la lluvia arrecia y el ángulo es malo para ver lo que pasa, los prismáticos mojados no ayudan mucho.  Estiro el cuello para intentar enfocar por encima de las cabezas, todas vueltas en la misma dirección. No lo consigo, bajo los prismáticos; a mi lado, un tipo elegante, endomingado de estreno -chaleco, traje, corbata, sombrero, prismáticos de lujo- con cara de pisar un hipódromo por vez primera, está leyendo en voz alta la reseña de una revista hípica: <<Nacido y criado en los jugosos pastos de nuestra tierra, entre montañas y ríos, bautizado con un nombre árabe de resonancias históricas, Al-Mansur, Hijo de Haizea y Ortegal, hijo del viento, se enfrenta hoy a su mayor reto... >>. Desconecto de la monótona voz de mi vecino y vuelvo al verde, donde están pasando cosas, muchas cosas. Encuentro un hueco por donde apuntar con los prismáticos. Ya hay más descolgados: Arco Iris, Alondra, Playa Azul y Singapur, los que acompañaban a Al-Mansur en la recta de enfrente, se quedan cortados en plena curva, casi ocho cuerpos los separan de la cabeza, demasiado para poder recuperarlo en la recta; quedan siete caballos en esta carrera de eliminación, estoy seguro que la más rápida de la historia.

La curva acaba, entramos en los metros decisivos, la perspectiva acorta las distancias, los siete parecen agrupados, no distingo posiciones, menos mal que hay megafonía: <<Colocación a falta de 600 metros: Blue Nile, Aketegi, Guajira, La Terca, Belle-de-Jour, Tres de Oros, Al-Mansur,... >>. El resto no importan, entre esos está el ganador. No parece fácil para mi número 3, que viene cerrando el grupo: Blue Nile se ha puesto en cabeza con algo de ventaja. 

Faltan 500 metros para la meta, 300 para llegar a nuestra grada, la perspectiva mejora y están tan cerca que los prismáticos sobran. Ahora empieza la carrera de verdad, la hora decisiva. Blue Nile destacado, a tres cuerpos aguantan, increíbles desde la salida, Guajira y Aketegi. El inglés no viene exigido, viene fácil, casi parece de paseo. Las peores predicciones se van a confirmar, llegar y besar el santo, parece que nuestros caballos no están al nivel de estos fuera de serie.  Blue Nile aún no está a tope de revoluciones, su jinete mira hacia atrás, tranquilo, midiendo distancias, decidiendo si reservar o sacar todo de su cabalgadura, disfrutando más de una marcha triunfal que de la llegada de un Gran Premio.

A falta de 400 metros un caballo da un brusco bandazo hacia el exterior, se abre buscando la tribuna, encuentra su carril en mitad de la pista y acelera brutalmente, el jinete colgado sobre su cuello, fuera de la silla, usando la fusta de pleno: Al-Mansur ha reaccionado, ahora sí que la tribuna retumba de gritos, ánimos, exclamaciones, un estruendo de voces rotas; nos volvemos locos, cada quien animando a su caballo, a su favorito, más que las apuestas importan los sentimientos, todos tenemos un caballo al que queremos ver ganar aunque no hayamos jugado, no es cuestión de dinero, es la épica del Gran Premio, el orgullo frente al Inglés -salvo los muchos que hayan apostado por él, que para mí no cuentan, sus voces entran en el escándalo general y animan a los nuestros, a Al-Mansur, a Aketegi.

En pleno diluvio se va a jugar todo en esta recta final de infarto, Al-Mansur ha reducido distancias de forma espectacular, está a menos de un cuerpo de Blue Nile, cuatro metros por fuera de los palos a los que se pega el Inglés, ahora sí exigido por su jinete. Aketegi y Guajira no ceden, La Terca empieza su propia carrera, su terrible "rush" final; siempre le gustaron a esta yegua los desenlaces furiosos, puede ser hoy su día, anda muy bien con barro y lluvia.

Casi a la altura de nuestra tribuna, apenas a 300 metros del espejo, vemos que Al-Mansur ha alcanzado a Blue Nile, vienen paralelos, echando el resto, los jockeys sacando las fustas y las últimas energías de los dos. Es una lucha a muerte, el paseo del Inglés se ha convertido en una agonía, no esperaba esta resistencia, esta batalla más allá de las fuerzas de nuestro mejor caballo. Al-Mansur viene con el cuello estirado al límite, las venas marcadas, espuma entre los dientes, los flancos lívidos de sudor pese a la lluvia. César Marín, su jinete, volcado en el costado izquierdo, fuera de los estribos, colgando, cayéndose de la silla, la cara casi oculta bajo una capa de barro, la cabeza contra el cuello de Al-Mansur, la vara en la derecha moviéndose como un metrónomo enloquecido, marcando un ritmo imposible de seguir. Ya están frente a nosotros, veo todo a cámara lenta: por dentro un caballo ganador de Grandes Premios en el país donde este deporte es rey, por fuera el pura sangre que llevábamos años esperando tener en nuestras cuadras, los dos lanzados hacia los doscientos metros últimos, hacia la foto-finish de la gloria. Pasan frente a mí como bólidos de Formula 1, pero las imágenes quedan talladas en mi memoria para siempre, fotograma a fotograma, grabo con los ojos más que miro. Cesar Marín está haciendo la carrera de su vida, de varias vidas, pase lo que pase en la meta está naciendo un mito en este mismo momento, bajo este cielo plomizo y dentro de un mar de agua, fango y hierba. Al- Mansur y César son uno sólo y también lo somos los miles de pares de ojos que los vemos pasar, atónitos, absorbidos por una escena nunca vista e irrepetible: montando casi a pelo, la silla destensada, caída bajo el cuerpo del caballo, recubierto de barro y sudor, la cara contraída de sufrimiento, sujeto más a las crines que a las riendas, más a la carne y la piel que a los estribos, volcado en una misión suicida, intentando hacer lo imposible, tratando de ganar al que tal vez sea el mejor caballo del continente. Pero ya no importa quien gane, la belleza de esta recta final es más importante que el triunfo.

Están cabeza con cabeza, igualados hasta lo indistinguible, en cada tranco asoma un ganador diferente: Blue-Nile, Al-Mansur; Al-Mansur, Blue-Nile. Ya han pasado, ahora les vemos las espaldas, las grupas, no vamos a distinguir la llegada, habrá que esperar a la megafonía. Faltan 100 metros, no comprendo cómo Cesar Marín se mantiene sobre el caballo, está a punto de caer por el costado izquierdo; no monta, empuja, espolea, corre con su propio cuerpo, tira de su cabalgadura hacia delante, le transmite la poca fuerza que cabe en sus 53 Kilos de gran jinete.

Blue Nile y Al-Mansur se acercan al espejo, no vamos a verlo, la perspectiva es mala, la oscuridad del cielo, algún relámpago aislado, el alboroto de los espectadores, el telón de lluvia intensa, la estela de nubes de barro, dos caballos y sus jinetes que ya han sobrepasado su aguante y corren por inercia. Al-Mansur se ha vuelto a cerrar, apenas lo separa medio metro de las piernas del jockey Inglés. Dos amasijos de barro y músculos hacia un final de vértigo. Cincuenta metros, las piernas de los jockeys abrazando los flancos, exigiendo el último esfuerzo; treinta metros, las nuestras también, pateando el hormigón de las gradas; veinte, las fustas vuelan en las manos, los caballos casi chocan, corren ciegos, dando tumbos; diez, cabezas estiradas, tendones a romper, las nuestras, los de ellos; cinco, escalofríos de dolor en la pista, de emoción y placer en tribuna... Ya!, ya está, han llegado al espejo y no sabemos quién ha ganado, ni tal vez  los de galería de meta lo sepan.

Ahora llega La Terca, a algo más de seis cuerpos, también acelerando, también sufriendo y luchando por el tercer puesto, que es casi un primero después de lo que acaba de suceder delante de nuestras miradas. Aketegi y Guajira entran luchando por el cuarto lugar, casi igualados, al límite de su resistencia, vaya carrera la de estos dos, en punta todo el tiempo, teóricos comparsas que han rechazado su papel. Increíble Aketegi, totalmente fuera de distancia, exigido por Cristóbal desde el primer metro, y se mete entre los cinco primeros. Después Belle-de-Jour, Tres de Oros y el resto, cubiertos de barro hasta las orejas, exhaustos, distanciados, casi haciendo eses, algunos al paso, incapaces de seguir un ritmo salvaje; los jockeys con los brazos bajados o intentando quitarse el barro de los ojos, de la cara, del pelo; los números invisibles en unos dorsales húmedos, marrones. La carrera ha terminado, ha sido durísima, más allá de lo esperable,

De repente el silencio se adueña de nosotros, un silencio casi reverente, místico, respetuoso ante los que acabamos de ver -la mejor recta de nuestras vidas. Nos miramos, buscamos la complicidad de las caras conocidas, de los perros viejos en esto del Turf; sonreímos felices, sabemos que esta carrera se recordará por siempre, que Cesar Marín y Al-Mansur se han ganado el Hipódromo del Cielo, que esta recta final tendremos que contársela a nuestros nietos. Todas las miradas se dirigen hacia los altavoces, como si pudiéramos escuchar con las retinas, esperando esa voz mágica que nos diga quién ha ganado. Silencio espeso, expectante, casi sólido...

"Atención, resultado provisional de la Quinta Carrera, Gran Premio de Otoño: Primero, caballo número..."
Explosión, escándalo, no se escuchan las posiciones; manos levantadas, gargantas que se quiebran; apuestas perdidas que vuelan rotas como confeti; carreras hacia las taquillas, hacia la meta y la entrega de premios; empujones, gritos histéricos. Otros nos quedamos quietos: la sonrisa esbozada, la mirada brillante, los ojos abarrotados de imágenes, recuerdos que ya son parte de la historia, inolvidables, gloriosos.
La grada se va vaciando, quedamos pocos, tal vez un centenar, los rostros habituales, los que coincidimos en los entrenamientos, las tertulias, las subastas; los locos de este deporte. Sé lo que están sintiendo, lo mismo que yo: felicidad inmensa; incredulidad ante lo visto, incapaces de digerirlo; gratitud por haber estado hoy aquí, no cambiaríamos esta recta final por nada del mundo; tristeza por saber que ha terminado, demasiado breve, demasiado intenso, queda un año hasta el próximo Gran Premio y tal vez un siglo hasta uno como este.

Bajo poco a poco las escaleras, apartando con el pie los montoncitos de boletos rotos, las revistas arrugadas y encharcadas: restos de la batalla. Melancólico y feliz, absorto en mis pensamientos, noqueado, inmensamente triste y alegre a la vez, mis pasos me llevan fuera del hipódromo. Aún queda por celebrarse la última carrera, pero es igual. Voy paseando lentamente por los caminos entre las gradas y el bar, rodeado de hierba y de algunos que corren a recibir al ganador, triunfante en el recinto de pesaje. Sigue lloviendo, pero ahora más suave, más lento; una llovizna agradable que se filtra en mis pensamientos. Salgo por la puerta principal, desierta, parece que todo el mundo está haciendo cola ante las taquillas de cobro o jugando para la siguiente. Al llegar al coche echo mano al bolsillo para coger las llaves y toco unos papeles: mis apuestas. Enciendo el motor y el coche arranca a la primera. Tengo que maniobrar para salir del aparcamiento, y luego trato de enfilar por la carretera. Es casi inútil, debería concentrarme en la circulación pero no puedo, sigo lleno de escenas de lo ocurrido en la pista, mis ojos ven caballos, hierba; emoción y sudor. Pero lo que hay delante son coches y más coches y una carretera mojada; el tráfico reclama definitivamente mi atención, es denso un domingo por la tarde, me sorprende, resulta que no está en el hipódromo toda la ciudad. Pongo la radio y están informando del resultado definitivo sobre una música de fondo suave, aséptica: ha ganado Al-Mansur, a corta cabeza Blue Nile, a siete cuerpos La Terca, cuarto Aketegi, quinta Guajira. Era cierto, ha terminado, ya hay incluso resultado definitivo. El ganador de Al-Mansur se debe pagar bastante bien. Llevaba unos cuantos miles,  soy casi rico.... Bueno, ya lo cobraré otro día en las oficinas del centro.
Deseo que al llegar a casa pasen la carrera por televisión, me gustaría grabarla en video, volver a ver A Cesar Marín colgando, nadando en barro, a Al-Mansur al límite, a Guajira, a Aketegi...

Dedicado a Rheffissimo y Red Regent; y a Román Martín, por hacernos vivir la recta final más bonita que recuerdo. Y a Ceferino Carrasco, Cristobal Medina, y tantos otros que nos hicieron sentir la  magia. Gracias.

miércoles, 9 de mayo de 2012

EXPERIMENTOS CON EL VERSO LIBRE

Me vais a perdonar, pero con cierta frecuencia (hoy es uno de esos días) colgaré poesías en verso libre, fruto del mal poeta que hay dentro de ese mediocre prosista cuyo blog seguís.

Lo que también os quiero anunciar es que, aparte de colgar mis "obras" :-)) en Lunes y Jueves, o quizás algún día más según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar un solo día el blog vacío, bien colgando poesías, bien prosas, de diversos autores. O sea que podeis visitar el blog todos los días, que algo jugoso habrá.


DÓNDE ESTÁS


¿Dónde estás?
¿Dónde te escondes?
¿Quién eres?
Tienes la mirada de Ana
y la ternura de Sarah
Aún no te conozco
y ya te añoro
Quizás paras
en mi cafetería de siempre
y nunca nuestros ojos se han cruzado
Planeo en mi imaginación
una situación deliciosa
donde tu y yo estamos en la playa
en enero
paseando
cogidos de la mano
descalzos los pies
mojándose de sal y frío.
Te llamo y no me escuchas
Te quiero...
y no me correspondes.
Cada noche te sueño
te abrazo
te beso
hacemos el amor
nos reímos...
Somos dos niños que acaban de descubrir
que del cariño puede surgir
algo mucho más grande
Algo eterno
Cada noche te sueño
y al despertar
busco tu negra melena rizada
Ya te has ido
ya estoy solo y abandonado
Deseo que anochezca
a las tres
y amanezca al mediodía
Veintiún horas contigo, y tres en soledad
Y que en esas tres
llames a mi puerta
¡Por fin nos hemos encontrado!
Ya nunca más
estaremos solos
Yo seré un alfil
y tú mi reina
nuestra partida jamás terminará
Nada nos separará
jamás
Sueño con un final
un final para los dos
un final donde
con un silbido
el fuego nos recoja
amistoso
y nos convierta en humo.

Dedicado a Jose Ignacio García Lapido, el mejor letrista de este país artificial, como todos.

Cuanto te añoraba, literatura mía.

Ya desde la cabecera del blog sabeis que durante 6 ó 7 años no leí literatura creativa, sólo divulgación científica o musical. Y eso no engrandece el alma. La buena poesía y la buena prosa, sí.

Ahora disfruto como un niño el día de reyes, enriqueciendo mi espíritu. En este momento estaba leyendo "La linea de sombra" de Joseph Conrad, y no he podido por menos que acercarme al teclado para dar gracias a tantos poetas y prosistas "dignos para siempre de mi respeto".

Re-publicando: cuando pensé en cerrar el blog por lo de mi perra, publiqué cuatro cuentos del tirón, y no creo que nadie leyera semejante tocho, así que los re-publico día a día (bueno mañana es jueves, toca "cosa" mía nueva)

OSOS


    Un pequeño pueblo -apenas un poblado: cuatro casas y una taberna- llevaba meses padeciendo el ataque de una manada de osos. Comían la miel de las colmenas, destrozaban los cercados, se bañaban en los pequeños estanques de los patos y asustaban a los niños.
    La asamblea del poblado, harta de la situación, decidió entrar en el mundo de los osos como ellos entraban en el suyo. El hombre más fuerte de la aldea fue elegido para ir al bosque, disfrazado de oso, con un traje cosido con pieles y uñas encontradas. La noche anterior al solsticio de invierno, cuando los osos se juntaban para despedirse a hibernar y urdían planes para primavera, el hombre y su disfraz se adentraron en el bosque, hacia el claro, para escuchar e informar a la aldea. Encontró el llano y se situó, entre los osos, con su traje cosido deprisa y sus uñas postizas, los ojos bien abiertos y los oídos atentos, escuchando lo que de nuevo y de viejo se contaban los osos entre ellos. Los osos nunca pasaban más de tres días en aquel lugar del bosque, así que tenía que abrir bien sus recién estrenadas orejas de oso.
     Llegaron poco a poco al descampado, casi doscientos osos andando pausado, y pudo escuchar el reencuentro de las familias saludándose años después, el rumor de una bellota cayendo, las alegrías del recién nacido y la tristeza del que no volverá. Los osos empezaron a tocarse las patas en su idioma de oso, a lanzarse ramas de roble unos a otros; estuvieron jugando entre los árboles, cazando truchas y haciendo pequeños corrillos. Se dedicaron a disfrutar del sol naciente, y a intrigar menudas diabluras en su puesta. Y así transcurrieron dos días...
     Llegó el tercer día: el hombre tuvo una pesadilla, y en ella el calor derretía su traje de oso, y con él dentro, el sol convertía a los dos -traje y hombre- en una mancha solitaria en el centro del claro. Y despertó.
    Era el tercer día. El solsticio ya había pasado y los osos empezaban  a  despedirse hasta la próxima vez; frotaban sus narices y murmuraban pequeñas palabras al oído deseando lo mejor para el año siguiente. Y en ese momento el hombre sintió que el calor era insoportable, la necesidad de quitarse el disfraz fue mayor que su prudencia, y aterrorizado por seguir el camino de su pesadilla empezó a desnudarse.
    Y en ese mismo momento ocurrió algo muy  extraño: cuando se quedó desnudo, iluminado por el sol en el centro del claro,  un ser humano indefenso en mitad de la reunión de osos, otros osos empezaron a rasgar sus trajes de piel para el frío mostrando debajo blancas pieles humanas, una tras otra, cayendo las duras pelambres oscuras que cubrían hombros y pecho, piernas y rostros de mujeres disfrazadas de osas, de hombres aparentando ser osos. Y en un momento no quedó en aquel bosque ningún oso, sólo hombres y mujeres con pieles de oso arrugadas cubriendo sus pies y miradas de sorpresa y alegría inexplicable.

martes, 8 de mayo de 2012

El otro día cometí un error (bueno, desde lo de Saritah he cometido varios)

El error fue decidir cerrar el Blog y publicar 4 textos de golpe, que dudo que nadie haya leído todos. Así que re-publicaré uno por día: ahí va el primero.

NEREA

Una amiga me dijo una vez que podría tener orgasmos musicales. La creí sin entenderla, y ahora estoy teniendo lo más parecido que puede existir: un orgasmo triste. Tengo escalofríos de placer y de tristeza, la cabeza me tiembla, las lagrimas me humedecen, siento las uñas despegarse de la piel de los dedos; las manos flotan sobre las teclas, respiran sobre ellas sin tocarlas, no entiendo cómo escriben. La columna vertebral se atraviesa de dolor y melancolía, de un liquido enérgico pero mortal. Y siento que puedo volar, ver todo el mundo desde arriba; saltar desde mi terraza, a dos palmos de este ordenador, y planear sobre todas las cosas que no quiero ver existir. Y Delirium Tremens sonando, atronando en una vieja cinta de cassette; las guitarras aceradas inundan la habitación y siento que... ni naiz naizena.

Es un sábado por la tarde, anochece, un sábado cualquiera hasta hace un minuto. El viento sopla ahí afuera. Las nubes negras y algún chaparrón se mezclan con el último resol brillante y rojizo; estamos en Vigo, en el peor invierno que Galicia, una Galicia inundada y atónita, recuerda. Afuera llueve y aquí hace frío, pero me sudan las manos que resbalan sobre el teclado, sudo por todos los poros de una piel que añora la tuya. Siento que te amé tanto que todo lo que me queda es un camino hacia abajo. Y Delirium Tremens sonando en el cassette, esas guitarras, y siento que... ni naiz naizena.


    ¿Cuántos años hace que perdí esta cinta, lo recuerdas, Nerea?. Tú estabas en Vigo, estábamos a punto de salir de casa para ir a ver a Negu Gorriak, prometía ser un gran concierto. Tocaban en la Sala Óxido... y también llovía, un anochecer de invierno. Habíamos quedado con Asier en la plaza de los caballos: estábamos ya preparados, a punto de salir de casa, de aquel piso de Fragoso al cual nunca he podido volver, y que aún hoy imagino lleno de fantasmas de nuestro amor, de nuestro sexo también. Y a última hora yo me empeñé en escuchar un poco de música para prepararnos, un grupo que siempre he adorado: Delirium Tremens. Y mi canción favorita: Ni Naiz Naizena.

De repente todo se torció. Era uno de esos días en que yo no estaba para bromas, y había bebido demasiado. Todo se tuerce aún en mi memoria: la cinta no aparece, en la caja hay otra, confundida; no la encuentro, me revuelvo, me enfurezco; todo tiene la culpa, tu también, cariño; no puede ser, no me puede estropear el ambiente una maldita cinta que no aparece; necesito escuchar esa música antes del concierto, mi alma lo necesita, necesita esa canción; grito y siento frustración, rabia: ¿porqué tienen que pasar estas cosas?, estas pequeñas catástrofes que te arruinan un día perfecto, que te estropean un concierto con tu chica, música para después de hacer al amor. Me rompo por dentro y rompo por fuera… pierdo el control, lloro: necesito esa canción. Pego una patada a la caja de las cintas, otra al cassette...; y así hasta que consigo envenenar el concierto y un poco más nuestra relación. Pero a pesar de todo aún me quieres, aún...ni naiz naizena.

¿Cuánto ha pasado desde aquello, cinco años tal vez?. Cinco que parecen mil y también ninguno. Y hoy, hace un minuto, este eterno e intenso minuto, rebuscando sin saber porqué entre mis olvidadas cintas de los Ramones, abro la caja de "It's Alive" y veo escrito, en la etiqueta, sobre la cinta, en mi antigua letra mayúscula: "Delirium Tremens". Al principio no entiendo; ¿que pasa aquí?, esto no es el "It's Alive"…! Y de repente entiendo: la cinta siempre estuvo ahí, descolocada, agazapada, aguardando. Y todos los recuerdos vuelven a mi cabeza, inundan la frente, chocan contra ella desde dentro amenazando romperla. Todas las conexiones del cerebro se colapsan, sumando: Nerea, mil Nereas, "mi" Nerea, eterna, bellísima y sonriente Nerea; las fiestas de la Facultad en Santiago, la cabeza dentro de los bafles al escuchar "Boga Boga"; otra vez Nerea, el piso de Fragoso; Oskar y los contenedores de basura; Negu  Gorriak y Asier;  Nerea, Nerea... y... ni naiz naizena.

Saco la cinta temblando y la pongo en la pletina, apago el CD de los Replacements y... suena el principio de esa canción, reconocible entre millones. Esa voz tan especial, las guitarras llenan el aire: ...ni naiz naizena.

No puede ser, la cinta llevaba así mas de cuatro años, en el principio de esa canción, mi favorita (más que eso, una de las canciones de mi vida, de las cinco ó seis que quiero pinchen a mi muerte), esperando para este momento, para este sábado de diciembre  de muchas lluvias después. El volumen a tope, y el tiempo no ha pasado, este grupo sigue sonando tan bien como antes. Un disco que había buscado cientos de veces, en Donosti, en Vigo, por Internet... sin éxito. Y ahora, sin avisar, esto: un regalo del pasado que me ha dejado sin respiración. ¿El tiempo existe, o es sólo una invención?. No, es obvio que existe porque ya no estas a mi lado, Nerea, Nere, Haizea... (¿Te acuerdas? : Te llamaba Haizea a veces, Haizea por el viento que entró en mi vida contigo, Haizea por el viento que dejó todo despeinado, bendito viento que es lo único que aún conservo de ti). Pero hoy, ahora, ese viento se ha llevado el tiempo. Como si entre estos dos instantes, separados por muchos años, sólo hubiera transcurrido un segundo: el tiempo se ha contraído, hemos atravesado un túnel, un agujero negro. Todo está aquí, nada es mentira. Tú eres aún mi chica y...ni naiz naizena.


El pasado es presente, seguimos en Fragoso, falta una hora para el concierto: Nere, cariño, la cinta ha aparecido, tenemos ambientación para el concierto de "Negu"; todo está bien, Nerea, te amo, siempre te querré; vamos a disfrutar del concierto y a bailar como locos, ya no voy a perder la cabeza, mi amor. Pero antes vamos a escuchar...  Delirium Tremens y esa vieja cassette: las guitarras me hacen sentir que... ni naiz naizena.

lunes, 7 de mayo de 2012

¡¡¡NO MÁS BANDAZOS!!!

No volveré a decir "Ahora cierro el blog, ahora lo abro", he hablado con mi madre y me ha hecho reflexionar sobre ello, y darme cuenta de que no es respeto hacia mis lectores, Y de paso me ha hecho dejar de sentirme como esos cabrones de cazadores que cuando el perro ya no vale para cazar lo cuelgan de un árbol. O como esos que abandonan cachorros (a Saritah la adopté con apenas un mesecito, habían abandonado a 6 cachorros). Le he dado una vida mejor, aunque al principio extrañe mis caricias.

Este Blog seguirá abierto, aunque hasta que asuma esto tiraré de biblioteca básicamente. El de Jazz clásico sigue abierto, y en el de Blues y el de Miles & Trane anuncié una despedida no corta, y ahí seguiran, silenciosos cual panteón olvidado.

A Sarah

Deseo que estés bien
que puedas perseguir
gorriones y palomas
y jugar
con esas sandalias viejas
que inexplicablemente
te duraron 4 años.

Deseo que estés bien
que te den cariño
que te puedan dar cariño
y tú a cambio
muchos mimos

Eres mimosa
pero aún más
cariñosa
eras feliz cuando me lamías la calva
las orejas
los ojos
Y me dabas besitos

Cada vez que me sentaba en el sofá
a fumar un pitillo
y escuchar música
tu mayor placer era
tumbarte en mi regazo
y dejarte acariciar tras las orejas

¿Te darán todo eso?
¿o a cambio
cosas más felices aún?

¿Sabes?
Te añoro,
con desespero te añoro.
Peo te dí menos que más
y estoy seguro
de que ahora recibirás
más que menos.

Sólo deseo tu felicidad
la mía tardará meses en volver.
Periódicamente llamaré
para saber como estás.
Pero por favor, no vuelvas a comer esos hierbajos
que tan mal te sientan.
Cuídate, cariño mío,
mi vida,
mi tesoro.

Y no te preocupes por mí,
ni me eches de menos.Estaré bien.
Quizás el cielo quiera
que al haber perdido un amor de mujer
otro aparezca...

Otra poesía, levemente alegre (según se interprete) de Manuel M.

No triste, alegre
con ruido y risa
la vida cruzo,
mas llevo prisa.

Cortos placeres,
penas efímeras,
ideas vagas...
ternuras tibias

No sé, no quiero...
Dejad que siga
corriendo loco
sin senda fija.

Dejad que cante,
dejad que ría,
dead que llore,
dejad que viva,
de tenuidades,
de lejanías...,
como humareda
que se disipa.

Yo os dejo pronto
con vuestra vida,
para vosotros
todos los días

Con vuestra historia,
con vuestra crítica
de hechos profundos,
fechas y citas.

Sed muy felices
con vuestra vida,
y un tomo grande
para escribirla,,,

No triste, alegre,
con ruido y risa
la senda cruzo
mas llevo prisa

Ahí va una poesía de Manuel Machado, el hermano de Antonio, que parece que empieza a ser reconocido por sí mismo.

Claro nombre, mortal como el pecado.
Agua de perdición.
Nombre de demonio.
Delicia insana.
Mal Placer...
¡Alcohol!
Mentira, química, muerte.
Falso fuerte,
dicha fea...
¡Maldito sea!

Es para tranquilizar a mi amigo pipas y a tod@s las que podais pensar que voy a caer en el alcohol por la tristeza de la despedida. Desde el 2009 soy virtualmente abstemio, creo que podría contar todo lo que he bebido: un par de gin-tonics cada verano, una cerveza artesanal gallega, dos vinos cuando inauguraron la vinoteca de debajo de casa...y no recuerdo más, pero pongamos que he tomado 6 cacharros sueltos cada año.

HE DECIDIDO NO CERRAR EL BLOG, PERO CAMBIARLE EL ENFOQUE

Uno de mis Blogs favoritos es MISS DESASTRES NATURALES , donde combina textos suyos con citas literarias de otros autores, de momento me limitaré a las citas literarias, porque quienes no tengais perro no sabreis lo que significa perder a tu mejor compañera de los últimos 4 años, aunque sepas que va a estar bien. Se te seca la inspiración de una forma increíble.

ACABO DE PUBLICAR 4 DECENTES RELATOS QUE ESCRIBÍ HACE TIEMPO

Y con esto se cierra el Blog. Supongo que por un tiempo, hasta que me acostumbre a este apartamento hipertrofiado que sin ella ha triplicado su volumen. Cuídense.

El único blog que, de momento, va a seguir activo es: http://moderneceslasjustas.blogspot.com.es/

domingo, 6 de mayo de 2012

HOJAS

Hoy había visto amanecer, quizá por primera vez en mucho tiempo. El amanecer era al fín, como en sus sueños, la hora de pasear lentamente por la ciudad apenas despierta. Se dirigió a la avenida de siempre, su muda compañera de tantas y tantas noches, ahora convertida en una dulce amiga de su primer amanecer. Así lo sentía él, como si nunca hubiera visto la aurora. El paseo le recibió tan misterioso como siempre, tan estático y tan cambiante como siempre. Cruzó la reja y se preparó para dejarse enamorar por esta novedad tanto tiempo deseada, para disfrutar del viento en la cara y el primer sol en los ojos.
Caminaba despacio, jugando sus botas en el marrón brillante y rojizo de las hojas caídas. Le gustaba ver como la puntera se abría camino, firme y elegante como la proa de un viejo buque.Y cómo a menudo perdía de vista sus pies, ocultos bajo una nube de hojas arrastradas por el viento. Eran las primeras hojas del otoño. Ayer mismo había recorrido el paseo al anochecer y lo vió limpio y gris, sin manchas de color que agarraran su mirada. Hoy mereció la pena madrugar. Dejó que su mirada recorriera la extensión oscura y cambiante, hasta posarse en un árbol que aguardaba en un parque, al final del paseo. Apenas se desperezaba la ciudad, y el árbol destacaba en el silencio, recortandose al cielo desvaído del amanecer. Era un árbol grande y redondeado, un árbol protector de fresca y amplia sombra durante el verano. Ahora algunas de sus hojas corrían ya por la hierba, mientras la mayoría aún permanecía sobre las ramas mostrando a la mañana sus tonos amarillos y castaños y algún verde tardío. A contraluz el viento lo convertía en un gigantesco juego de sombras chinescas, que dejaba pasar solitarios rayos de una luz tímida que hería la vista. Se fue acercando mientras descubría nuevas formas y matices que le atraían. Cuando llegó tan cerca que podía tocar el tronco húmedo con la punta de sus dedos, el sol estaba ya alto, y la ciudad y el paseo llenos de bulliciosa vida. Se quitó el impermeable, lo extendió sobre la hierba, y se tumbó cómodamente, boca arriba, bajo el árbol, con las rodillas levantadas y los ojos ávidos de registrar todos los movimientos con que el viento, juguetón,  mecía las ramas.
Permaneció así un buen rato, cada instante más atento, fascinado por los giros alocados de las hojas en las ramas, por el dulce y anárquico vuelo de las que caían, por el movimiento de las ramas sobre el aire, por la facilidad con que las formas cambiaban, como si fueran los miles de patas de un extraño animal. No prestaba atención a los ruidos de la ciudad ya plenamente activa, sonidos apagados por el silencio del parque,ecos tocados con sordina, sus oídos ajenos a todo lo que no fuera el rumor del viento y el suave golpeteo contra el suelo de alguna bellota caída. Pensó que le gustaría dibujar el árbol tal como era ahora, antes de que perdiera todas sus hojas y se convirtiera en un esqueleto parduzco durante los meses de invierno. Empezó a dibujarlo en su cabeza, tomó nota de las proporciones, trazó lineas que luego borró, y otras que no, sombreó alguna de las ramas para darle volúmen, afiló un lápiz imaginario, y al final rompió en mil pedazos lo que había dibujado. No estaba satisfecho. El dibujo podía ser real, tenía que ser real.
Corrió a una librería cercana a comprar un gran cuaderno de hojas vírgenes, blancas y duras. Mientras elegía los lápices y el dependiente empaquetaba sus compras, se sorprendió aspirando con placer un aroma perdido, a escuela primaria. Salió de nuevo al ajetreo de la calle, reteniendo el olor entre sus pensamientos, arropándolo como si fuera un polluelo caído del nido. Y por fín encamino sus pasos hacia su objetivo.
El viento levantaba torbellinos de hojuelas caídas, torbellinos que duraban apenas un segundo, para luego deshacerse en largas nubes que se perseguían unas a otras, y que terminaban recostadas contra la base de algún gran tronco.
Anduvo despacio entre las breves ráfagas, disfrutando anticipadamente  de la idea de un día largo y tranquilo. Volvió a sentarse en su viejo impermeable y empezó a dibujar. Sujetaba con fuerza el cuaderno para defenderlo del viento, intenso a veces. Poco a poco fueron saliendo de su lápiz hojas y ramas, sombras y luces, contornos, volúmenes, y se fue insinuando sobre el papel la forma de un gran robleque empezaba a perder su follaje en los primeros días de otoño. Tan solo algún niño jugando se acercó a mirar por encima de su hombro, y en seguida perdió el interés ante los trazos finos, coriendo a unirse a los gritos y patadas de sus compañeros.
Ya casi anochecía cuando levantó su mano, estiró las piernas, se incorporó, y dio unos pasos hacia atrás para comparar su obra con lo que ahora veía anaranjado, casi rojo, alumbrado con los últimos rayos del día. En ese momento, un golpe de viento, fuerte y largo, movió todas las ramas y arrancó una bandada de hojas muertas que cambiaron su contorno. Por un instante contrajo el rostro en una mueca de desagrado, pero comprendió en seguida que lo que había dibujado era ya un pedazo del pasado, y que sólo podía aspirar a recoger en su cuaderno un momento breve, casi inexistente, perecedero como el tiempo que tarda el humo en deshacerse con el vendaval.
Volvió a la mañana siguiente y todas las otras mañanas, de frío, de lluvia suave, y también de sol que calentaba la espalda y hacía brotar efímeros arco iris en las fuentes del parque. Fue poco a poco llenando el cuaderno de dibujos de un árbol que parecía muchos, de un árbol cada vez más dormido y fibroso, de primeros planos de hojas que caían, con sus nervios marcados como espinas de un pez fósil. Y con sus dibujos fue formando una enorme colección de instantáneas, imágenes que recordaban a un libro que vió una vez, en la exigua biblioteca de la escuela. En él se sucedían filas y filas de minúsculas fotografías del mismo paisaje, y allí siguió, con su imaginación y sus ojos, el cadencioso ritmo de las estaciones. Aquello le había llamado la atención, sin entender que clase de loco tenía la suficiente paciencia, la infinita paciencia de tomar tantos planos. Sonrió ahora meláncolico ante la paradoja, ante su enorme repertorio de ilustraciones, un repertorio que le convertía en testigo único del otoño del roble y de sus cambios.
Una mañana de un sol frío y pequeño levantó la vista al llegar a su lugar de siempre, y vió que del árbol sólo quedaba el armazón de ramas dormidas. Todas sus hojas estaban ya esparcidas sobre la hierba y los caminos, y muchas de ellas servirían de sustento a la nueva primavera. Se sentó para dibujar  ese perfíl desnudo y familiar que conocía tan bien como la piel de una mujer imaginada, y quiso tardar mucho más que ningún otro día. Se recreó en cada linea hasta el infinito, disfrutando cada instante de esos últimos trazos como se paladea el último bocado de un plato exquisito. Cuando terminó, ya el anochecer se apoderaba del parque, las luces del paseo encendidas, y los pocos paseantes escapando del frío con las manos en los bolsillos.
Entonces decidió hacer lo que nunca había hecho: alterar el dibujo, no respetar el original. Y dibujó, a medio camino de una rama, muy alejada del tronco, una única y minúscula hoja que destacaba como una huella en la nieve. Cerró el cuaderno y respiró profundamente, sintiendose satisfecho y triste al mismo tiempo.
    Tomó entre sus manos el cuaderno cerrado, henchido de todos sus dibujos, y lo depositó al pie del árbol. Mientras se alejaba, arrebujado en su abrigo, el viento abría el cuaderno e iba arrancando las laminas blanquinegras, que se agitaban en el aire unos segundos, antes de corer a confundirse con las hojas secas en la oscura noche de invierno.