EL BLOG ESTARÁ ACTIVO TODOS LOS DÍAS

Os quiero anunciar que, aparte de colgar mis "obras" : según las musas sean pródigas o avariciosas, mi idea es no dejar el blog vacío ni Martes ni Miércoles, bien colgando en él poesías, bien prosas mías (Martes) o de diversos autores (Miércoles). Y quizás algún día más, según las musas...
POR TANTO, ESTE BLOG ESTARÁ ACTIVO, AL MENOS, MARTES Y MIÉRCOLES,

sábado, 28 de abril de 2012

¿SOBREVIVIR?

Como un oso enjaulado, me asfixio en la espesura de desechos que invaden mi casa desde hace semanas: papeles, bolsas de plástico, cajas vacías y un sinfín de objetos inútiles que se amontonan por todas partes. Mi mente, mientras tanto, vuela a través de la habitación, atraviesa los sucios cristales y se pasea por la ciudad que se extiende a mi alrededor. Recorro con mi imaginación las avenidas por las que solía pasear, y procuro fijar los escasos recuerdos que aún conservo. Esos recuerdos, insectos atrapados por un alfiler, me permiten saber que sigo viviendo.
Nunca pensé que la situación llegara a este límite. Hace unos días intenté poner orden; limpiar la basura que me rodea, que parece acumularse ya por toneladas; separar todo aquello que pudiera servirme para un futuro. Fue inútil. La montaña de suciedad ha atascado puertas y ventanas, y soy incapaz de distinguir la mayoría de los cacharros; han perdido su individualidad, su esencia; son pequeñas unidades inofensivas que constituyen un todo amenazante y caótico; alucinaciones que se multiplican, como en el juego de los espejos, hasta formar un mundo de residuos que me envuelve y atenaza.
Imagino que el olor debe de resultar  insoportable. Por suerte, no sólo me he acostumbrado, sino que incluso estoy perdiendo la sensibilidad. Tengo el olfato prácticamente atrofiado y eso me salva.
Ayer encontré el rincón. No sé cómo es posible que este islote de limpieza, esta esquina de la casa que la inmundicia ha respetado, me haya pasado desapercibida tanto tiempo. No importa, tal vez el destino me tenga reservadas otras sorpresas, ocultas por el momento, que me ayuden a sobrevivir...¿a alargar mi agonía?. Quizá simplemente sea una broma, otra más, del travieso diablillo que mueve los hilos de esta pesadilla. Sea como sea, decido instalarme cómodamente en este refugio, dispuesto a conservarlo.
Mi hallazgo no ha podido ser más oportuno: por si algo faltaba, desde el cuarto de baño comienza a fluir una nueva marea de orines y podredumbre, más fétida e imparable que de costumbre. Rápidamente hago acopio de cuanto material relativamente consistente puedo encontrar, y construyo una muralla que nos proteja, a mí y a mi isla. En ella no me siento como en los mares del sur, pero por un momento me hace escapar de Desolación.
Resulta curioso cómo la mente humana se amolda a las nuevas situaciones, por terribles que sean. Ya no puedo concebir este lugar libre del caos que lo anega, no recuerdo como era antes de que la porquería empezara a acumularse como una plaga indeseable y sin explicación. Todas mis preocupaciones han sido olvidadas y sustituidas por una que ocupa mi mente con persistencia: sobrevivir.
La oscuridad. Siempre la había temido como se teme a un enemigo inteligente y despiadado. Hace tiempo que ni el más pequeño rayo de sol puede colarse por las ventanas; pero el tejado, alto, translúcido e inalcanzable, todavía me informa del día y la noche. Vivo en una semipenumbra constante, en la  que las ratas proliferan de un modo increíble.
Me aventuro hasta la cocina espoleado por mi estómago hambriento. Al atravesar algunas zonas de la casa que hasta ahora había ignorado, me pregunto si era consciente de la ruina en que estaba inmerso. Sorteo charcos oleosos y acúmulos de materia en descomposición, y me dirijo hacia el frigorífico. De momento las ratas se mantienen alejadas; creo que mi aspecto les inspira más miedo que el que yo les pueda tener. Al abrir la nevera, apagada hace días, no puedo evitar que mi estómago se rebele; el olor es más fuerte de lo que podía imaginar. Me retiro desanimado hacia mi islote; la comida empieza a convertirse en ese problema del que, hasta el momento, había conseguido escapar.
De repente me doy cuenta de un hecho sorprendente: la basura, que hasta ahora parecía crecer sin límite, ha dejado de acumularse;  hace días que me rodea el mismo paisaje. Tal vez todo el proceso haya sido una ilusión de mis sentidos, pero prefiero pensar que algún cambio está próximo.
El orificio en la pared todavía me proporciona casi todo el líquido que necesito. La cañería conserva un flujo, pequeño pero continuo, de agua medianamente potable.
El hambre por fin me ha decidido a cazar ratas. El primero fue un enorme macho que destripé como pude, y fui incapaz de comer, paralizado por el asco. Pero ahora me he decidido por los pequeños ratoncitos, ciegos y desnudos, que abundan en innumerables nidos distribuidos caprichosamente por toda la casa. La necesidad me ha convertido en un experto en la localización de las camadas, y sólo lamento no poder hacer fuego, porque imagino que asados resultarían un bocado sabrosísimo.
Nunca pensé que esta situación pudiera resultarme divertida, pero la búsqueda de las madrigueras, y la pelea con las madres para hacerme con mis sonrosadas presas, es lo mejor que me ha sucedido en las casi cuatro semanas que dura este encierro. Me siento como el niño que trepaba a los árboles y robaba huevos de los nidos, y luego los ponía en el asiento de la chica más guapa de la clase, para ver su cara contraerse de incredulidad cuando se rompían bajo su peso. Yo adoraba esa mueca de sorpresa, como adoraba todo lo suyo, y nunca me atreví a decírselo.
No es que fuera un misántropo, aunque siempre supe defenderme bien en la soledad. Me gustaba la gente, pero me cansaba muy rápido de estar rodeado de individuos cuyos pensamientos se movían por dimensiones que me resultaban ajenas. Ahora paso el día hablando sólo y rellenando cuartillas, para evitar pensar en lo evidente. Para huir de ese futuro vacío y sin sentido hacia el que me dirijo guiado por una supervivencia tenaz, cuyo único objetivo es la propia supervivencia.
Hoy he vuelto a visitar mi propiedad. Desde lo alto de la primera duna he contemplado con calma la ruinosa cordillera que ocupa esta casa, que siempre fue demasiado grande para mí. He ascendido con dificultad a cada uno de los picachos de inmundicia y he constatado, con alarma, que los nidos de ratas empiezan a escasear. Me distraigo revolviendo entre los escombros, y encuentro una bolsa conteniendo viejos libros de teología, que espero hojear tranquilamente en próximos días. Entre otros mil cachivaches, también encuentro vestidos de mujer, peines, preservativos y un juego infantil de cubos de colores que aún conserva un suave perfume a colonia de niño, un olor que penetra como una daga en mi desprevenido olfato. Lo guardo como un regalo precioso.
Cada vez me resulta más difícil conseguir comida, y no me consuela saber que la hambruna es general. Los roedores, fuera de unos pocos ataques durante mis horas de sueño, me habían respetado. Ahora, sin embargo, cuando no están ocupados devorándose unos a otros, empiezan a lanzar hacia mí sus temibles dentaduras. También el agua comienza a escasear
Apenas  puedo sostener la pluma. Desde que las últimas ratas desaparecieron , me he alimentado de cucarachas y otros insectos -raros, difíciles de cazar y terriblemente desagradables al paladar- que también han terminado por extinguirse. He intentado comer mohos, líquenes, cartones, papel y plástico, pero ha sido inútil; mi estómago, acostumbrado a la carne de rata, es incapaz de digerir otra cosa.
Golpean mi cabeza imágenes del pasado; infancia, adolescencia, novias y familiares muertos se mezclan en un caos del que surgen, distintas y brillantes, ráfagas de dolor y de ausencia. Siento perfumes olvidados, oigo voces que vuelven del silencio, y apenas soy capaz de separar el presente de esta vida que vuelvo a vivir.
Ya no tengo hambre, y la sed se ha convertido en una compañera agradable, casi una amiga. Vivo en una ensoñación placentera de la que no puedo ni quiero escapar; me deslizo lentamente hacia un estado catártico y feliz que deberá ser cortado por un final que intuyo cercano. Y no quiero que ese final llegue, al menos no antes de aprehender esta felicidad tan nueva y sorprendente.
Por primera vez en...¿cuánto tiempo?, escucho gritos en el exterior; voces, carreras, sirenas de bomberos...
Y vuelvo a sentir esperanza. Una esperanza que creía muerta para siempre. Que empezó a morir cuando decidieron hacinarnos en este barrio. Que murió cuando el ejército tomó cada calle y cada casa para sofocar las protestas, y hubo cientos de muertos. Que fue enterrada cuando decidieron que el espacio que ocupaba el barrio era imprescindible para instalar el nuevo vertedero de basuras de la ciudad. Una esperanza...

8 comentarios:

  1. Terrible y fantástico al mismo tiempo, lleno de imágenes, el ritmo del texto es frenético, te hace leer y leer sin parar y reproduce totalmente el ambiente en que esta sumergido el cuerpo y la mente del narrador.
    Me quedo con... y vuelvo a sentir esperanza.
    Me ha gustado mucho.

    BESOS

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  2. ¡Otro! Caray, ¿cómo narices consigues escribir tan rápido? A mí terminar algo me suele llevar mucho tiempo, varios meses incluso. Siempre que vuelvo a releer el poema o el relato que tengo entre manos encuentro cosas que modificar en lo que ya tengo escrito, y los avances son terriblemente lentos. Como terrible es la historia que nos cuentas, aunque haya un resquicio de luz al final. Interesante cómo empieza pareciendo relato de un tipo con "Síndrome de Diógenes" hasta que la vuelta de tuerca final nos descubre la pieza oculta del puzzle y da un nuevo sentido a todo lo que hemos leído. Me ha gustado.

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  3. Rumeinia, que sorpresa!!! Bienvenido a esta casita!!!. Éste tiene "truco", es de los que tenía a medio hacer, y me he limitado a terminarlo. A ver si sigo en esa linea, porque tengo cosas empezadas...buff, ni se sabe. Por cierto, que a la altura que lo retomé aún no sabía el final...
    Tú mismo te has dado la respuesta para terminar las cosas más rápido. Yo escribo como viene. Sin embargo tú le das vueltas y revueltas. Yo soy de la opinion de tocar las cosas lo menos posible : ortografía, puntuación para marcar el ritmo, y directamente eliminar algún párrafo que no viene a cuento. Es mi sistema, pero seguro que el tuyo también da buenos resultados.
    En este, al retomarlo, me he cargado a saco un par de parrafos que rompían totalmente el ritmo, no he intentado retocarlos.

    Dinah, me alegro de que te haya gustado!! El final da esperanza, sí; me temo que tú eres de las que si la película no tiene un final feliz sales del cine llorando, no?, jajaja
    En este momento me quedan 9 por publicar, alguno que ya conoces, algún otro viejo, algún desbarre, otros nuevos, uno reivindicativo...
    Voy a publicar sólo lunes y Jueves, ya lo he decidido, lo que pasa es que estos días me quería "deshacer" de algunos.

    Dinah, hija, ¿te vas a dar de alta como seguidora? Es que sólo tengo a Rumeinia, y tú y kuto sois habituales...

    BESOS Y ABRAZOS!!!

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  4. Este si que es un salto hacia adelante. Se nota que hay mucha inspiración y trabajo en este relato.

    Lo noto muy bien construido. Va "in crecendo" y nos mete de lleno en ese panorama degradado y asqueroso. Tanto, que recién desayunado, he estado a punto de vomitar!

    Saludos perfumados (de jazzmin o azahar; pero no de rata)

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  5. Kuto, me encanta que te haya gustado. Me he inspirado en mi propio apartamento cuando paso una importante fase depresiva (exagerando mucho, evidentemente). La verdad es que a mí también me da bastante asquito cuando lo releo, pero ese era el objetivo. Según lo escribía no tenía puta idea del final, pero en un momento él dice que está llenando cuartillas, cuartillas que son el relato, evidentemente. Y si él muere, ¿qué pasa con esas cuartillas? Así que tuve que solucionarlo, y creo que no quedó mal.
    Siento haberte jodido el desayuno. Pero ya desde el principio se ve que esto no va de jorge bucay precisamente.
    Lo del salto hacia adelante...también habrá saltos hacia atrás. Hay días que las palabras fluyen y otros que se estacan. Pero lo importante es trabajar todos los días. La inspiración ocurre en un instante, pero como no trabajes duro...Le decía a Dinah que tenía 9 terminados, ya son 11, he terminado dos que no daba con nada, uno a punto de terminar y otro recién empezado, y ya están listos.
    Otro como la Dinah, que no se me hace seguidor...

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  6. Mario, si es tan importante para ti, solucionado lo de seguidora.
    Yo iba a seguir leyendo tus relatos de todas formas y poniendo comentarios cada vez que pudiera, aunque no hubiese puesto el iconito ese, ni siquiera me había fijado en eso, ni tenía cuenta en google, ni tengo en twiter, facebook, ni nada de eso.

    Disculpa por lo que te dije el otro día de que seguro que habrías tenido momentos felices en todos esos años pero que tú no habrías sabido valorarlos.
    Sé lo que se siente cuando uno se encuentra así de mal, por más que se quiera no se puede ver alegría ni felicidad, sólo se siente unas ganas enormes de llorar y nada de lo que pase te parece bueno. Afortunadamente se sale de ese pozo, unas veces se hace solo. Otras, necesitamos la ayuda de los demás, pienso que porque no podemos ver más allá de nuestro propio dolor.

    ¿Estás molesto conmigo por algo más?

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  7. No estoy molesto contigo por nada, querida Dinah, por nada. Simplemente me apetecia tener tu iconito ahí, creo que te lo he dicho en tono casi cachondo...
    Lo que me dijiste el otro día es cierto, pero sólo a medias. Ahora que me encuentro en un momento dulce y echo la vista atrás, tambien veo un pasado muy negro. Sinceramente, y sin querer hacerme el heroe, creo que poca gente hubiera soportado mis infiernos. Pienso que ya te dije que tengo una fuerza interior impresionante, y por esa razón se me acercan las vampiras y sigo vivo.

    Reitero que no estoy molesto por nada, te he cogido demasiado cariño como para sentir eso

    TODO O.K.??

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  8. TODO OK.
    Pero a las vampiras, ni las nombres ,quita, quita.

    BESOS

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